lunes 30 de agosto de 2010

PUAM- 2010- Imágenes del Mundo Histórico- Sobre héroes



La clase anterior quería introducir con el análisis que Tulio Halperín Dongui hace de los proyectos políticos de Sarmiento y Alberdi, una serie de problemas de actualidad. El primero, consiste en preguntarnos ¿qué valores políticos de destacan de ciertas figuras del pasado que se resignifican en el presente? Una cuestión que historiadores, periodistas, el discurso político, traen de nuevo a debate es la de los héroes, la revisión de su vida y su obra. Decíamos entonces, que en nuestros relatos del pasado aparecen valorizados ciertos personajes históricos o actores sociales colectivos. Hablábamos de los personajes de la Revolución de Mayo realzados por la generación de Mitre según un ideario liberal, resignificados luego por el nacionalismo, hasta hacerlos gravitar más tarde dentro de la tradición jacobinista. Nos referíamos a una historia revisionista que, a partir de las décadas del 20’ y del 30’, habría revalorizado la figura de Rosas y de algunos caudillos desde una perspectiva nacionalista y que hacía ecos de la crisis del liberalismo que se instalaba en el clima intelectual latinoamericano. Actualmente habíamos concluido que reaparecen las reflexiones en torno a dos figuras: por un lado, Domingo Sarmiento y, por otro, Manuel Belgrano.
Habría que pensar ¿qué es un héroe? Me parece que podríamos considerar dos o tres formas de héroes según distintas tradiciones. Tenemos una imagen clásica, si se quiere, del héroe, de la que ya hablamos y es la de aquél sujeto capaz de provocar una disrupción en los ciclos naturales a través de sus acciones. Y cuando hablábamos de acciones nos referíamos a la política como la acción más específica y completa de la condición humana. Este héroe es entonces un hombre, un mortal, y no un dios. Por el contrario, se caracteriza por desafiar las leyes eternas a pesar y por su mortalidad. Se define como héroe entonces en la medida en que se inmortaliza en el mundo a través de sus acciones en él y no en el más allá. Y cuando hablamos del Mundo nos referimos a la trama constituida por las acciones de los hombres. Para que este hombre exista, este hombre libre inventado por los griegos, es preciso que exista también el espacio público y político. Este es, afirma Hannah Arendt, el espacio de poder en el que puede surgir el héroe. Un espacio en el cual los hombres se agrupan y pueden ver, juzgar y narrar las acciones de los otros. Para que existan para el mundo estos héroes es preciso que sus acciones hayan sido vistas y narradas por otros hombres. El relato es lo que los acerca a la inmortalidad, una especie de inmortalidad terrena. Las acciones de estos no están inscriptas en el nivel de la guerra. La guerra no es una acción política. No quiero decir que no exista política en la violencia. Sino que para Arendt la violencia es la ausencia de poder, el fracaso de la política. En este sentido, como Foucault, se invierte la vieja forma de Clausewitz. Esta teoría le da importancia a las formas de distinción entre los hombres, si se quiere, a la existencia y el rol de una elite. Pero, sin embargo, estas figuras siempre surgen de una comunidad, dependen de los otros, de que exista un espacio público, en el que los hombres actúen y hablen, pero también se manifiesten y narren las acciones de los otros. No se trata de élites entronadas en un poder incuestionable, sino de hombres que se distinguen del resto de la comunidad por sus acciones en libertad.
Hay otro tipo de héroe que pertenece más bien a cierta filosofía de la historia. La historia de las batallas y la historia nacional erigieron un tipo de héroe cuya virtud es básicamente la de la guerra. Desde la perspectiva romántica, esa virtud estaba a favor de la defensa del bien para una sociedad, un pueblo, una nación. El héroe era la encarnación del espíritu que guiaría a un pueblo a su grandeza, que consumaría en un futuro la finalidad o el sentido que se entendía determinaba la marcha de ese proceso histórico. De la mano de la razón de Estado, representará los valores del nacionalismo, en la medida en que esa defensa se constituye en la defensa de una identidad, de un territorio, de la economía y sociedad por la que vela el Estado, de los ataques exteriores o la expansión de su territorio por las conquistas. . En ese discurso justifica el Estado la ampliación de su propio poder, su propia existencia. Pero principalmente se expresaba como un actor legitimante de la rebeldía de quienes habían salido vencidos por un orden político y una estructura social determinada. Muchos personajes no proceden de las historias de las aristocracias guerreras vencedoras, sino antes bien están vinculados a la construcción de los Estados Nacionales surgidos de victorias militares o de la desintegración de un orden político y social. Existe tras estas lecturas cierta tesis militar sobre el origen de las naciones. Finalmente el marxismo ha considerado antes bien a héroes colectivos: los trabajadores que, dentro de esa concepción de la filosofía de la historia, serían los sujetos que guiarían el sentido que Marx le atribuye a la historia que es el de la conquista de una sociedad sin clases, sin Estado. En los videos de Halperín refiriéndose a Sarmiento podemos atisbar la primera de las caracterizaciones del héroe (http://www.youtube.com/watch?v=4M5rEOB7cnI), mientras que la reflexión que Felipe Pigna hace de Belgrano parecería coincidir con la segunda, e incluso puede leerse que Pigna está discutiendo una tesis militar que ubicaría a Belgrano fuera de los héroes por sus escasos éxitos en la batalla, pero en realidad la discute en post de integrarlo a ella, como un hombre valioso en la guerra revolucionaria y desde un punto de vista moral, en tanto hombre íntegro, justo, coherente y estricto en la disciplina militar (http://www.youtube.com/watch?v=B7Kn5MYxjFI).

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