...una extranjera en su propia tierra.
Cultura alternativa: política, historia, literatura, rock, cine, teatro, etc. Reseñas y ensayos.
viernes, 15 de enero de 2021
Imperialismo
viernes, 11 de diciembre de 2020
Impotencia
lunes, 25 de octubre de 2010
La vergüenza de ser hombre
Existe cierta expectativa de que con la condena a los militares responsables de los asesinatos del Estado terrorista durante la década del 70, de que el haber recuperado el espacio para expresarse y ejercer libertad, de que al recuperarse en la memoria el relato de quienes han sido víctimas de ese pasado, se llegará en algún momento a un estado de cierto gozo, de paz, de reencuentro con todo aquello perdido que habilita a no cuestionar regiones oscuras del pasado reciente. En ese marcó es difícil precisar qué alentó a Jouvé a describir la muerte de Pupi y Bernardo, y ante lo cual resonaron inesperadas las palabras de Oscar del Barco. Para representarlas Schmucler utiliza la metáfora de una luminosidad imprevisible e irrefrenable que ha quebrado la noche. La luz es la abertura que hace espacio. Ese territorio gris y problemático que se abre es un hecho que no puede ser negado. Ante esa imposibilidad de negarlo se ha recurrido a falsificar sus motivos. En esa tarea se esmeran quienes no se atreven a decir sin retórica que creen que existen muertes ajenas justificadas por razones históricas. Muchos de quienes responden a del Barco creen en leyes invariantes de la historia como que su marcha está movida por la lucha mundial entre clases sociales, que la revolución era un hecho inminente porque existían las condiciones históricas objetivas para su realización o que los sentidos del pasado relevan a los hombres de que la sociedad revea sus actos. Y a pesar de ese afán por tratar a la historia como a la naturaleza, como si fuera movilizada por leyes invariantes y fuera posible fabricarlas eludiéndose de las consecuencias, a pesar de esa metafísica criminal, o quizás por ella, no están dispuestos a sostener ese imposible, el “no matarás”, como un límite infranqueable y principio inquebrantable de cualquier pacto social inscripto en todas y cada una de las formaciones históricas.
Tanta incomodidad quizá se deba a que la iluminación de la zona gris no es liberadora. A la salida de la noche-escribe Primo Levi-cuando se vuelve de estar reducido a lo instintivo de preservarse de la culpa, al relegamiento al mundo privado, a la negación, a la indiferencia hacia el dolor ajeno, a la búsqueda de justificaciones autocomplacientes, cuando se abandona todo ello se vuelve a ser un hombre y, entonces, no viene el gozo, por el contrario, la víctima sufre la consciencia de haber sido envilecido. Esa sensación que Levi describe es la de una tremenda y sobrecogedora vergüenza. Pero hay que tener coraje para asumirla y expresarla públicamente. Quienes han creído que pueden deshacerse de ella, perpetúan el crimen. La vigencia del ultraje se garantiza con la deformación del recuerdo del crimen. Pero el crimen también se perpetúa por la negación del asesino y el que consiente, de su responsabilidad. Esa negación, las verdades acomodaticias, el fabricarse una realidad más cómoda, son la negación de la paz al atormentado. En términos de Oscar del Barco: “mientras no asumamos la responsabilidad de reconocer el crimen, el crimen sigue vigente”.
Oscar del Barco no escribe entonces movilizado por la búsqueda de una verdad histórica ni por el deseo de narrar su versión de la historia para alivianar esa angustia. Escribe porque siente vergüenza de ser hombre y ¿qué mejor razón para escribir? No se trata de sobrevolar desde las alturas los hechos del pasado como si le fueran ajenos, tampoco de hacer una recuperación de su inocencia, ni encontrar una matriz teórica capaz de justificar y defender su vida. Algunos de estos propósitos han sido expuestos en las respuestas a esta carta. Oscar del Barco tampoco ha querido dar un testimonio, no es él quien ha tocado fondo. Pero ni siquiera Jouvé, que estuvo en medio de la zona gris, asumió la obligación moral o lo movió el deseo de deshacerse de esos recuerdos intentado hablar por quienes no han podido. Solo Pupi y Bernardo Groswald son los verdaderos testigos. Pero nadie ha asumido la tarea de contar su destino. Aquél silencio expuesto en el relato de Jouvé desató la vergüenza de del Barco. La vergüenza de ser un hombre no supone un juicio ni decir somos todos culpables o asesinos. Quiere decir ¿Cómo es posible que esos hombres hayan hecho eso y que a pesar de ello yo haya transigido? Y aún más, yo haya apoyado esas acciones.
Qué moviliza a esa vergüenza que siente del Barco. Hay muchas vergüenzas en una.
Se trata, por un lado, de la vergüenza de ocupar el lugar de otro. Vergüenza de que Pupi y Bernardo pudieran estar viviendo la vida de su hijo. Como si este ocupara el lugar de esas vidas en la medida en que él se siente responsable de sus asesinatos. Y también es la vergüenza de estar vivo en lugar de ellos.
Por otro, vergüenza de ser un hombre que no pudo ejercer su libre subjetividad. De haber adquirido un reconocimiento intelectual plagado de vergüenzas. Vergüenza por haber apoyado con su autoridad intelectual las acciones del EGP. Vergüenza de no haber hecho nada, o no lo suficiente, contra la legitimidad que la violencia adquirió en la Argentina de esos años y cuya lógica fue reproducida por las organizaciones armadas.
Asimismo, vergüenza por la humillación a la que fueron sometidos los muertos y los sobrevivientes. Se trata de una un acto de contrición por haber fallado en el plano de la solidaridad humana, pues la muerte ha sido la transgresión de un límite, el límite de zonas intermedias en las que entran en juego en la sociabilidad los cuidados de los otros. Vergüenza de no haber cuidado la vida de esos dos jóvenes y de tantos otros.
Los estallidos de sus detractores fuera de la vergüenza resultan más fáciles. Quizá sentir esa vergüenza engrandece al hombre, pues se propone a través de la escritura liberar la vida que el hombre ha matado y que no es la propia.
martes, 20 de julio de 2010
MICHEL FOUCAULT, UNA ENTREVISTA: SEXO, PODER Y POLÍTICA DE LA IDENTIDAD

En medio del debate suscitado en torno al reconocimiento en nuestro país del matrimonio gay, me interesaba dejarles una entrevista a Foucault en la que elabora algunos pensamientos en torno a una serie de cuestiones que fueron tratadas en las disquisiciones del Senado en un nivel argumentativo que, a mi entender, dejó bastante que desear antes que dar para pensar (http://www.hartza.com/fuckault.htm). En particular me refiero a los argumentos sobre "Dios", la naturaleza, "el hombre" y la "mujer", la historia, etc. para referirse a las preferencias sexuales y la institución familia y, menos problematizada, la relación entre sexualidad y libertad en referencia a la intervención del Estado. Uno de los aspectos problemáticos según mi opinión en esos discursos es que se acepte cierta normativización de las nuevas relaciones, formas intensas de amor, amistad y formas de creación posibles que se generan a través de la sexualidad por fuera y muy a pesar de las intervenciones y regulaciones del Estado. Pareciera ser que el reconocimiento de éste de un estado de hecho habilitó numerosos discursos en la sociedad que en busca de cierta legitimidad y aceptación intentan normalizar modos de vida producidos e instaurados por nuestros deseos, que no son invariantes sino potencialidades creadoras y que, en ese sentido, habrían tenido y tienen un potencial de resistencia a cierta normalización de las conductas. Pues “el ejército, la burocracia, la administración, las universidades, las escuelas, etc. —en el sentido que hoy tienen esas palabras— no pueden funcionar con amistades tan intensas”. Por ello, la posibilidad y el derecho de la libertad a elegir y crear nuestra sexualidad y formas de relaciones no es una prerrogativa que nos otorga el Estado ni una cierta aceptación social, sino una práctica cultural efectiva de esa libertad que, por el contrario, limita las intervenciones sobre nuestra conducta sexual a través de ese potencial creador, modos de vivir inclasificables, formas de relacionarnos y amar que inventamos y multiplicamos. Al respecto, me parece importante que a pesar de la ampliación de la posibilidad de contraer matrimonio para todos/as en la Argentina mantengamos vigente, que no eludamos o abandonemos, el debate acerca de si es preferible aplicar a nuestras relaciones libres el modelo de la vida familiar, o el de esas las instituciones que van a la par con la familia. O, en todo caso, qué otras relaciones más ricas, más interesantes y más creativas que las relaciones sociales propias de la familia podemos crear.
martes, 23 de marzo de 2010
24 de marzo- La vergüenza de ser un hombre

"Hay un autor que he leído recientemente y que me ha impresionado a este respecto, y es que creo que uno de los motivos del arte y del pensamiento es una cierta vergüenza de ser un hombre. Creo que el hombre que lo ha dicho, el artista, el escritor que lo ha dicho con mayor profundidad es Primo Levi. Supo hablar de esa vergüenza de ser hombre, y él lo hace a un nivel enormemente profundo, porque lo hizo después de volver de los campos de exterminio... salió de allí y... dice: «Sí, cuando fui liberado, lo que dominaba era la vergüenza de ser un hombre». Se trata de una frase a la vez muy espléndida, creo, muy bella, y además no es algo abstracto, la vergüenza de ser hombre es algo muy concreto... Pero no quiere decir las tonterías que podrían hacerle decir. No quiere decir: «somos todos asesinos»; no quiere decir: «somos todos culpables, por ejemplo, por el nazismo»... Primo Levi lo dice admirablemente. Dice: «Esto no significa que los verdugos y las víctimas sean los mismos». No conseguirán que creamos eso. Hay muchos que nos cuentan: «Sí, somos todos culpables», pero no, no, no, en absoluto. No harán que confunda al verdugo con la víctima. Así, pues, la vergüenza de ser un hombre no quiere decir: «somos todos iguales, estamos todos comprometidos». Sino que quiere decir, a mi modo de ver, varias cosas, es un sentimiento complejo, no es un sentimiento unificado... La vergüenza de ser un hombre quiere decir a la vez: ¿cómo es posible que hombres hayan podido hacer eso, –es decir, hombres que no son yo mismo? ¿Cómo es posible que hayan podido hacer eso? Y, en segundo lugar: ¿cómo es posible que a pesar de ello yo haya transigido? No me he convertido en un verdugo, pero no obstante he transigido bastante para sobrevivir. Y luego una cierta vergüenza, precisamente, de haber sobrevivido, en lugar de algunos amigos que, por su parte, no sobrevivieron a todo aquello. Así, pues, la vergüenza de ser un hombre es un sentimiento extraordinariamente compuesto. (...)Vergüenza de que haya habido nazis, vergüenza de no haber impedido ni sabido impedirlo, vergüenza de no haber pactado compromisos. Y sucede también que experimentamos la vergüenza de ser hombres en circunstancias irrisorias : ante la vulgaridad de pensamiento, ante el discurso del ministro, ante las declaraciones de la "buena gente" . Este es uno de los motivos más poderosos de la filosofía, y forzosamente provoca una filosofía política (...) Yo creo que en el origen del arte encontramos esa idea, o ese sentimiento muy vivo de una cierta vergüenza de ser un hombre, que hace que el arte consista en liberar la vida que el hombre ha encarcelado. El hombre no deja de encarcelar la vida, no deja de matar la vida. La vergüenza de ser un hombre: el artista es aquel que libera una vida, una vida potente, una vida que es más que personal, que no es la propia vida"
Gilles Deleuze
viernes, 27 de marzo de 2009
huellas

Escucho en este momento una bella melodía, pertenece a la banda de sonido de la película Maria Antonieta. Remoderniza lo sublime de la música de los clásicos en un simple piano tocado con dedos de seda, que recuerda todo el rosa y pastel que redunda y empalaga en las imágenes que retrata Sofía Coppola en su versión in extreme femenina de un poder político adolescente, una María Antonieta demasiado ingenua y ahistórica, en rigor, una cortesana más parecida a la propia Sofía Coppola que a la reina libertina del siglo XVIII. Por tanto, me resulta mucho más controvertida e interesante aquella que ésta. Aunque debo reconocer que como retrato de las cortes actuales es excelente y visualmente es una hermosa pintura para chicas chik. La banda de sonido es una joya.
Rememoro la mañana, llego al consejo escolar, el paro me impide conocer los resultados del concurso de historia del traje al que me presenté. Me precipito a los 80 en la oficina bizarra del hotel en el que trabajo, diskette 5 ¼, lámparas grises, fibrones flúor, computadores con PW. Salgo despedida de ese anacronismo para la casa de Amanda, camino por Luro hacia libertad y Jujuy, en esta esquina arbolada respiro de tanta humanidad apilada. La ciudad tiene más vida por la mañana. Llego a la pequeña guarida, discutimos sobre la crisis, mi amiga está informada, ha leído todos los diarios antes de mi arribo, me explica el fracaso del rescate financiero de Obama, las maniobras de Kirchner por adelantar las elecciones en el contexto de las caídas de los regímenes políticos y las presiones del FMI, compartimos las incertidumbres de nuestros futuros próximos, me relata la hambruna salvaje del Consejo Escolar, las dificultades para tener una vivienda estable, las desproporciones de los alquileres y el carácter señorial de los rentistas. Nos compadecemos como el hombre de los cuarenta escudos de Voltaire. Le señalo que lo que más me sobresalta es la ruptura de las relaciones sociales, estalla la estructuración de grupos sociales, asoma una masa amorfa despolitizada y temerosa, se desbarata toda solidaridad de clases, las asociaciones de interés carecen de sentido, pues en este contexto igualador de la pobreza el interés ya no tiene validez. El gremio docente ha sido vencido, no solo por la burocratización interna, sino por la reducción de sus luchas a la demanda salarial mientras el poder avanza sobre todas las conquistas históricas de los trabajadores de la educación. La dinámica que relata se diluye en la problemática de la salvación individual que se retrata, como en tantos otros ámbitos, en las asambleas de embanderados de los puntajes, donde se exalta la necesidad de reprimir la libidinal pulsión de linchar a los 58, 5 que concentran el trabajo, recordamos el film “La Corporación” y el canibalismo de los pobres retratado por Foucault en “Los anormales”. Pero al fin de cuentas terminamos cuestionando la desvalorización del docente, considerados por el resto de la población en connivencia con el discurso oficialista, como vagos y “poco dignos” empleados. El paisaje que pintamos juntas nos hace reír, recordamos a Gasalla y su representación de los avatares de las actividades pasivas que deciden el futuro de nuestro trabajo, en un edificio cotolénguico, desinformatizado, abarrotado de cuerpos pintarrajeados, ruidosos, escandalosos y encolerizados. No nos proyectamos, el presente es absoluto, las categorías del pasado no nos permiten comprender, es decir, afrontar y soportar la actualidad, buscamos nuevos pensamientos. El futuro es contingente e imprevisible, nos solidarizamos con las libertades que nos regalan ciertas lecturas, los libros son un gran sostén, seguir pensando nos permite conectarnos con una realidad cada vez más disociada. Recuerdo una vez más la Francia del siglo XVIII, los cuerpos del pueblo desmarcados, desoídos y ruidosos, violentos, desprotegidos por el desbaratamiento del Estado Asistencial del Antiguo Régimen, rememoro los excesos, la tonalidad armónica y lo oneroso de las cortes de María Antonieta y de Sofía Coppola, a los señores armados de los countries, a los manotazos de ahogados de las aristocracias financistas, a los intelectuales maquiavélicos que asisten al poder, a la casta de los analistas simbólicos en relación a la profundización de una crisis y me pregunto por qué estas asociaciones, y si acaso no estamos en el mejor de los presentes para pensar.