Mostrando entradas con la etiqueta Devaneos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Devaneos. Mostrar todas las entradas

sábado, 5 de septiembre de 2009

Violencia mediatizada


El cuerpo y sus sentidos padecen y producen sensibilidades y marcas históricas. Cuando no podemos interponer nada a esa violencia y nosotros, el cuerpo es lo primero que se antepone entre estas fuerzas, imposiciones o dominios y la espiritualidad.
A menudo creemos que el cuerpo es la piel, los músculos o la estructura ósea, más frecuentemente nos lamentamos por el padecimiento de los órganos que chillan fuera de nuestro campo de visión y que manifiestan sus dolencias sin que podamos racionalizar con facilidad la procedencia de la violencia que los afecta y los irrita.

miércoles, 18 de marzo de 2009

leyendo...

Una vez más caigo en cuentas de que hace ya un tiempo que no escribo en blog-menor. Pero si bien es verdad que cada tanto se renueva cierta inercia según la cual lo abandono, en esta ocasión, en cambio, me encuentro entusiasmada con la lectura. Resulta muy importante para mi no ceder a una suerte de tentación que impone el discurso del “tu puedes”, que conlleva a abandonar la lectura para ponerme a escribir o leer en aquellas páginas solo lo que conviene o se adecua a los intereses, pensamientos y motivaciones del lector. Me refiero en sí a la dificultad de salirse de sí mismo. En este momento, en cambio, he desaparecido en favor de dar lugar a que hablen los maestros. Yo guardo silencio con admiración y aprendo ( quizá en algún momento hasta pueda hablar con ellos, quien sabe ). Sinceramente pienso que a veces, incluso en la blogósfera, es necesario el silencio. Es raro imaginarse aquello, porque en rigor, el blog es un lugar muy particular, requiere tener ideas todos los días y, en verdad, es difícil tener ideas todos los días, es un trabajo que requiere estudio, disciplina y pensar y aún así, a veces, no funciona.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

Servicio de tutorías pagas

Hace tiempo que no escribo, es una mala costumbre. Estoy trabajando en algo que me ocupa bastante tiempo, más mezquino, con poco valor monetario, pero aún más devaluado intelectual y socialmente: la docencia. Pero no cualquier tipo de docencia, sino la de profesor particular. Debo confesar que es un trabajo imposible, de una intensidad de aparente sin sentido más que el acopio de datos, reducidos hasta la infinitesimal síntesis explicativa, que haga posible algún tipo de aprendizaje que sirva para la aprobación. No caben las preguntas existenciales, ni otros sentidos más elevados, mucho menos uno puede aspirar a plantearse objetivos que no tengan que ver con la materia que se enseña, aunque valoro la instrucción de estrategias para sobrevivir, a los padres perseguidores, a la Iglesia, a los docentes e instituciones en general. Esto, dado el caso, es muchísimo. Para mi es gratificante en la medida que me obsesiona combatir el espíritu de la pesadez. Quizás aparentemente este testimonio es menos valioso porque nunca estuve frente a un grupo y puede ser, sin embargo, profundicé con cada uno sus problemáticas, personales y con la historia; experiencia que tienen los docentes a cargo de un curso solo en excepciones.

domingo, 18 de noviembre de 2007

El mito y el eterno retorno

Hace un tiempo escribí en este blog un artículo acerca de los intelectuales (presente aún en la categoría de ensayos), asimismo en el último número de Prometheus Mdq pubicamos una nota al respecto (pmdq.com.ar). Unas semanas atrás me encuentro con una nota editorial de Marcelo Moreno, en el diario Clarín, titulada Intelectuales, latinos y cool. En ella se plantea que “Cada vez son más y el modelo parece reproducirse entre los jóvenes. Son los intelectuales latinoamericanos cool, género que suele emerger con un título bajo del brazo de una universidad de la región y que no tarda en aderezarse con un posgrado del Primer Mundo.” Universitarios, muchos de ellos profesionales, este “género” (especie de concepto racista remodernizado) se define por su “actitud”, que consiste en sus hábitos culturales postmodernos e internacionalistas. En palabras resentidas del autor “ellos se entrenan en ignorar las abyecciones de éstas sus tierras, adoptando una postura posmoderna de ciudadanos del mundo” y sigue “Porque el intelectual latinoamericano cool es un habitante del universo global, experto en las últimas tecnologías, conocedor a fondo de las modas y tendencias que reinan en los países centrales, ocurran en el campo del pensamiento, el diseño o la gastronomía. Y su cultura es ecuménica: puede ser versado en budismo zen, en la cinematografía nazi o arte polinesio. Le encanta -y se precia de ello- resultar indistinguible de un danés o un canadiense” Y como si esto fuera poco, profundiza en su moralina “Pero en lo que resulta un auténtico experto es en permanecer indiferente respecto de lo que ocurre en sus tierras. Snob, hedonista, individualista, la política le resulta una materia sucia y antigua. Por lo cual su país puede estar en manos del narcotráfico, la mafia o la corrupción más letal pero mientras a él el sistema le garantice la preservación de sus libertades, permanecerá impasible, extranjero a cualquier emoción” ¿A dónde quiere llegar Marcelo Moreno? “A que Este tipo de ejemplar (¡!) es lo opuesto al intelectual de izquierda de los años 60 o 70. En vez del compromiso, lo suyo pasa por mirar hacia otro lado. Y en eso resultan más dóciles a cualquier poder que los intelectuales de derecha del pasado, que al menos se entrometían en pensar la realidad.”

martes, 13 de noviembre de 2007

Alegrías

Durante cuatro inviernos, y digo inviernos porque la sensación de haber hibernado es una imagen bastante ilustrativa de cómo me sentí por esos tiempos, guarde una secreta esperanza, no el triste reflejo de la esperanza, ese mono que se rasca sobre una mesa y tiembla de frío, como ilustra Cortazar, sino la ilusión de ganar una guerra imprecisa. En algún momento fue más fuerte la necesidad de formar parte del ladrillo de cristal en el que estamos todos metidos. La necesidad, en la cultura, en la política, en la vida, lleva a intentos desesperados, a lo que tuve que oponer cierta voluntad de poder. Yo nada sabía de eso que llaman realidad, quizás un poco, tan poco como para sospechar. Todavía oía los latidos ahí dentro. Pero de dónde sacaría la fuerza para romperle la cabeza a ese mono que me asechaba, destruir las paredes y abrirme paso como aconseja el cronopio, o Julio o algún fama, no importa. Pequeños nacimientos. Quizás necesitaba mezquina y genuina ayuda. Es probable también que buscara una explicación. No es fácil vivir sin esas arañas que trabajan día y noche. Pero la sensación de carecer de estructuras endebles sobre las que reposa todo un imaginario imperativo es una novedad, una experimentación cotidiana, pero jamás un estado acabado que podría conquistarse, y mucho menos una posición eterna ante el mundo. De cualquier forma, no es justo hacer de esa limitación un nuevo juicio de Dios, No me juzgo por esos cuatro años en que debí (o mejor dicho me salió) tomar caminos alternativos, de los que mucho aprendí, que me permitieron pensar.

lunes, 17 de septiembre de 2007

Paranoia I

Me propongo algunos comentarios con pretensiones históricas, más bien anecdóticas y curiosas, en base a algunas opiniones personales y enruladas sobre el tema de las teorías conspirativas y la paranoia. Quizás se trate de ideas deshilachadas, con poco fundamento, que todos los lectores criticarán de forma asociada y secreta , y de las que por supuesto tiene toda la culpa mi papá.

Considero que el psicoanálisis (y la psicología en general) no inventó el modo de pensar, sentir, el modo de ser paranoico; Más bien, creó una patología y, a partir de ella, la caracterización de un sujeto particular. Las memorias de locos son un género anterior a las Memorias de un enfermo nervioso, del Presidente Daniel Schreber, el famoso jurista sobre el que Freud escribió para fundar la estructura lógica de la paranoia en uno de sus cinco historiales clínicos. Pero ese modo de pensar, de sentir, de ser, como el de conocerlo, no es igual en todas las épocas, tampoco su valoración y es difícil de rastrear. El dato que tomo, caprichosamente, es el de uno de los primeros personajes que fue estigmatizado en la contemporaneidad como paranoico: el emperador romano Claudio, quien, a pesar de tener su recinto palaciego en Roma, se hizo construir una fortaleza en una isla por temor a que lo asesinaran. En ella se pasaba gran parte de su tiempo esquivando a su esposa, quien verdaderamente lo quería matar junto con su amante y que vivían con él en la fortaleza (¡!) Pero en realidad, podríamos decir a su favor, que los emperadores romanos, como los líderes poderosos, le otorgan un valor a la paranoia, en parte porque tenían sus razones, en tanto jamás habrían llegado al núcleo concentrado del poder, ni podrían haber continuado sosteniéndolo y ejerciéndolo de unas determinadas formas, si no fueran algo paranoicos, obsesivos y psicópatas en esos contextos en que, como le señalaba Maquiavelo al príncipe, a diferencia de las conjuras a un rey, en Roma el poder podía ser cuestionado por una rebelión del pueblo o de los esclavos(como ocurrió con el movimiento liderado por Espartaco), el senado (como le sucedió a Julio Cesar, que lo dejaron hecho colador), incluso era posible que te asesinara tu propia guardia personal (como le ocurrió a Cómodo, por rebajarse a pelear con esclavos en la arena del circo) y también tu propio hijo ( como hizo Nerón con su mamá, quien intentó numerosas veces y por fin lo logró con veneno. En este caso nadie teorizó el Edipo. En realidad se dedicaron más bien a analizar sus tendencias incendiarias, un mal entendido respecto al proyecto de Nerón de mejorar las obras públicas de la ciudad de Roma, siendo juzgada la forma más fácil de agilizar el proceso quemando parte de los edificios viejos de la ciudad) Por supuesto era un valor no solo para vivir, sino funcional a la conservación del dominio, como suele suceder en las sociedades militarizadas. Los mismos políticos, estrategas militares y las falanges paranoides que le hicieron la guerra a todos los que representaban al famoso “ellos” que no son “nosotros”, mientras temían morir o perder el poder de la mano de una conspiración, y quizás por eso mismo, conspiraban y asesinaban a miles de personas.

Se me ocurre que no es casual que Claudio inventara la burocracia. Claudio fue quien hizo posible, gracias a la que diagnosticamos como su paranoia, el establecimiento de las bases modelo de la burocracia para un estado imperial, inspiración para otro paranoico famoso y brillante, Max Weber, quien diseñó la administración y funcionamiento del estado moderno desde su torre. La burocracia, junto con otras invenciones, seguramente más o menos casuales e importantes que esta, le permitió a Roma devenir en un Imperio, administrar, controlar minuciosamente y dominar de forma directa puntos lejanos de su centro de poder.

miércoles, 25 de julio de 2007

Realismo mágico sanjuanino

Los funerales de Doña Inés

"Si en la mayoría de los escritores el fantasma es la fuente de la obra,
para estos escritores el fantasma se ha convertido
en lo que la obra pone en juego, en su última palabra,
como si toda la obra reflejara su propio origen."
Deleuze

I

San Juan no conoce los inviernos húmedos de Las Pampas. Sobre un desierto nació un jardín encantado, detenido en el tiempo, bajo una bóveda de estrellas cercanas, cercado por las imponentes cordilleras. Tras esas cumbres intimidantes se esconden secretos milenarios. Sus habitantes han aprendido su lenguaje y, con ello, a respetar al paisaje de una naturaleza demoledora y conservadora a la que debieron adaptarse con las estrategias más pintorescas, constituyendo una verdadera cultura regional, exponente único del crisol que es la Argentina, profundamente consustanciada con sus raíces indígenas.
Esa tarde de febrero, Doña Inés, mi bisabuela, había decidido que elegiría el momento de su muerte y aún agonizante en el lecho, su espíritu se negaba a las demandas de su frágil salud.–Descanse mamá, vaya en paz- Le decía Guillermo, su hijo mayor. Inés insistía con ser su propio destino, aferrándose a la vida con los restos de un cuerpo que había crecido libre de urbanidad. Sus formas habían sido moldeadas por el trabajo en la tierra a la que sus ancestros veneraban y de la cual ella también se abastecía; sus manos fortalecidas por amasar a diario el pan casero y sus pies hinchados de pisar la vid. Su rostro marcado por los niños que perdió a causa de los padecimientos ante los cuales no existían alivios.

jueves, 21 de junio de 2007

In útero posmoderno

Me es odioso recordar mi estadía del 4 de abril en Buenos Aires por todo aquello que suele considerar a la música como una actividad innecesaria. Era pobre, materialmente hablando, por haber gastado mis últimos ahorros en la entrada al concierto de Placebo. Esas razones de la utilidad se contradecían con una sensación de urgencia, casi caprichosa, por estar allí.

La cuestión es que ahí estábamos, soñando esa noche de luna lobezna, bajo un cielo en tonos azulados y rojizos, una escenografía que era de no creer. ¿Quiénes? Toda una banda sospechosa, engalanada de negro, irrumpiendo un valle artificial montado sobre el barro e iluminado con grandes y fulgurantes luces. Más precisamente, el Dogo, Florence y yo, entremezclados en la masa con lucecitas montadas y listas para escena dispuesta en el club Ciudad de Buenos Aires.
Había estado lloviendo, el terreno era inseguro y el cansancio de la noche anterior nos había sorprendido en la espera, porque el show empezó dos horas después de lo programado a causa del mal tiempo. Además mucha gente junta esperando agobia, nos agobiamos todos de nosotros, y cada uno de la postergación, esa irreverente; pero a la vez, la expectativa era un escondrijo, una identidad, sincera amistad con motivo de la fiesta.

miércoles, 13 de junio de 2007

Viajes

La noche del 3 de abril pasó a un tiempo justo, ni excesivamente veloz, como para olvidar todos los deberes y placeres, ni tan lenta como para anestesiarme.

Subí al micro y advertí algo de lo que ya tenía una sospecha. La sensación se repitió cuando bajé perdida en Retiro y nadie me había ido a buscar; existen determinadas cosas que es mejor, mucho mejor, hacerlas en soledad, puesto que de lo contrario vivimos atados a las desavenencias ajenas. En ese momento, tomé un café, leí el diario, saqué el pasaje de regreso y me marché para la casa de Sebastián. Rumbo a dicho destino advertí, una vez más, que Buenos Aires es asfixiante y hermosa. En algún sentido no es tan diferente a Mar del Plata, esto para mí supone temerle menos, fluir en ella, en sus callecitas adoquinadas, en sus multitudes trabajadoras, en su alteridad desafiante, en todo, todo, lo que exalta y provoca. Quizás es ahí en donde las pequeñeces que surgen de la comparación la vuelven potencialmente atractivas. Buenos Aires guarda dentro un híbrido de culturas. La metrópoli, lo que quita de aire, lo llena con extravagancia, una que es disimulo para sus habitantes, que pasa desapercibida, pero a su vez, rebosa de saberes, de ofrecimientos, de posibilidades infinitas, esas que ningún aire marplatense podrá esparcir; esa diferencia magna y su condicionante e hipócrita felicidad homogeneizante, hace que Mar del Plata exude un carácter aplastánte y apático del que es difícil escaparse. Excesivo miedo fluye en ambas, pero en la primera, vencerlo es condición necesaria para hacer cualquier cosa, de lo contrario, caerías en un hoyo sin fondo. En cambio, Mar del Plata, esconde infinitas posibilidades, más bien son pocas, pero bajo variadas formas, para resguardarse. Buenos Aires sigue siendo para mí un desafío, más aún en este momento, cuando advierto la falacia de la eternidad, la importancia de defender la vida, y por tanto cae toda lealtad a lo imposible e infinito…Buenos Aires podría representar esa lealtad, al menos, como ideal. Esta, mi batalla, es una lucha contra el tiempo, contra el deber, contra el pasado y, principalmente, con la apatía y la decepción, es un combate por algo más deseable, que no es necesariamente territorial. Note una curiosidad, por ejemplo, cuando estaba en el recital de Placebo ( me referiré a él en otro artículo) me llamó la atención que si bien todos referían a una estética vinculada a la banda, no había demasiada producción y ahí donde estaba presente, se veía como naturalizada para la cultura capitalina. Sin embargo, el grupo de marplatenses se distinguían por su carácter forzadamente engalanado en el disfraz y la pintura, demasiado notoria la predisposición al evento hasta un extremo por el qué su diferencia era más artificial que cultural. Yo en cambio experimenté estar dentro de ella, sentía que Buenos Aires me había tragado y que viajaba en sus venas, quizás, porque desde hace tiempo, ese sea un lugar digno para soñar, suspirar aires viciados y perderse por un ratito, aunque no estoy segura si para siempre.