lunes, 24 de septiembre de 2007

Paranoia II

Historias de la desafortunada villanería

Cuando se hacen historias, indefectiblemente se crean héroes y villanos; y no es gratuita ni frágil su perdurabilidad, digo, la de estos imaginarios. Generalmente los villanos resultan en tales por la
reafirmación de la moral, que lo vuelve al personaje en el eterno ignominioso. Y así, en tanto se preserva en el recuerdo el carácter vil de aquél personaje, se dilata la imperiosidad de la valoración, eternizando el modelo categórico del ídolo. Sin embargo, los villanos muchas veces suelen ser humanos, frágiles, corruptos, rastreros y aún así, nos resultan simpáticos. Reconozcámoslo, algunos antihéroes nos divierten. Le han dado gracia a nuestra historia.

Me refiero a los personajes de malicias picarescas, cobardes y, sobre todo, a los que les salió mal la treta. Es decir, el bien conocido, malo y torpe, un auténtico fracaso, que encima de padecer la ineptitud para hacer el mal, eterniza a su enemigo y pasa a la historia como el hazmerreír del relato.

lunes, 17 de septiembre de 2007

Paranoia I

Me propongo algunos comentarios con pretensiones históricas, más bien anecdóticas y curiosas, en base a algunas opiniones personales y enruladas sobre el tema de las teorías conspirativas y la paranoia. Quizás se trate de ideas deshilachadas, con poco fundamento, que todos los lectores criticarán de forma asociada y secreta , y de las que por supuesto tiene toda la culpa mi papá.

Considero que el psicoanálisis (y la psicología en general) no inventó el modo de pensar, sentir, el modo de ser paranoico; Más bien, creó una patología y, a partir de ella, la caracterización de un sujeto particular. Las memorias de locos son un género anterior a las Memorias de un enfermo nervioso, del Presidente Daniel Schreber, el famoso jurista sobre el que Freud escribió para fundar la estructura lógica de la paranoia en uno de sus cinco historiales clínicos. Pero ese modo de pensar, de sentir, de ser, como el de conocerlo, no es igual en todas las épocas, tampoco su valoración y es difícil de rastrear. El dato que tomo, caprichosamente, es el de uno de los primeros personajes que fue estigmatizado en la contemporaneidad como paranoico: el emperador romano Claudio, quien, a pesar de tener su recinto palaciego en Roma, se hizo construir una fortaleza en una isla por temor a que lo asesinaran. En ella se pasaba gran parte de su tiempo esquivando a su esposa, quien verdaderamente lo quería matar junto con su amante y que vivían con él en la fortaleza (¡!) Pero en realidad, podríamos decir a su favor, que los emperadores romanos, como los líderes poderosos, le otorgan un valor a la paranoia, en parte porque tenían sus razones, en tanto jamás habrían llegado al núcleo concentrado del poder, ni podrían haber continuado sosteniéndolo y ejerciéndolo de unas determinadas formas, si no fueran algo paranoicos, obsesivos y psicópatas en esos contextos en que, como le señalaba Maquiavelo al príncipe, a diferencia de las conjuras a un rey, en Roma el poder podía ser cuestionado por una rebelión del pueblo o de los esclavos(como ocurrió con el movimiento liderado por Espartaco), el senado (como le sucedió a Julio Cesar, que lo dejaron hecho colador), incluso era posible que te asesinara tu propia guardia personal (como le ocurrió a Cómodo, por rebajarse a pelear con esclavos en la arena del circo) y también tu propio hijo ( como hizo Nerón con su mamá, quien intentó numerosas veces y por fin lo logró con veneno. En este caso nadie teorizó el Edipo. En realidad se dedicaron más bien a analizar sus tendencias incendiarias, un mal entendido respecto al proyecto de Nerón de mejorar las obras públicas de la ciudad de Roma, siendo juzgada la forma más fácil de agilizar el proceso quemando parte de los edificios viejos de la ciudad) Por supuesto era un valor no solo para vivir, sino funcional a la conservación del dominio, como suele suceder en las sociedades militarizadas. Los mismos políticos, estrategas militares y las falanges paranoides que le hicieron la guerra a todos los que representaban al famoso “ellos” que no son “nosotros”, mientras temían morir o perder el poder de la mano de una conspiración, y quizás por eso mismo, conspiraban y asesinaban a miles de personas.

Se me ocurre que no es casual que Claudio inventara la burocracia. Claudio fue quien hizo posible, gracias a la que diagnosticamos como su paranoia, el establecimiento de las bases modelo de la burocracia para un estado imperial, inspiración para otro paranoico famoso y brillante, Max Weber, quien diseñó la administración y funcionamiento del estado moderno desde su torre. La burocracia, junto con otras invenciones, seguramente más o menos casuales e importantes que esta, le permitió a Roma devenir en un Imperio, administrar, controlar minuciosamente y dominar de forma directa puntos lejanos de su centro de poder.

domingo, 2 de septiembre de 2007

Algunas ideas para mi tesis

En 1961, al realizar una mirada alarmada de la sociedad Argentina, Tulio Halperín Dongui señalaba una anomalía constante en la historia del país, el síntoma, decía, de la continuidad sostenida de un clima histórico en el que se veía obturado el proceso político y se institucionalizaba la política represiva. Habían transcurrido treinta años desde que la “hora de la espada” daría nacimiento al poder militar y, desde entonces, las crisis político sociales no eran inflexiones en una transición entre situaciones estables, sino una constante.
A fines de la década del cincuenta, la discontinuidad entre las perspectivas iniciales respecto al golpe de estado de 1955 y lo que efectivamente sucedió, incluso, la continuación de un proceso de despolitización o, más exactamente, de militarización de la política, no podía dejar de ser percibido.
El período gestado a partir de 1955, que guarda una estrecha relación con el anterior, estuvo marcado por la violencia política. Se abre con un golpe de estado y su desenlace, más cruento y terrorífico aún, es el “Proceso de Organización Nacional” iniciado en el año 1976. En ese espacio de tiempo se suceden varios golpes militares, ningún gobierno elegido por la ciudadanía completa sus mandatos, se acaecen rebeliones militares, enfrentamientos entre facciones de las tres armas que acompañan y alientan la inestabilidad política. Asimismo, nace la resistencia peronistas, accionan los comandos civiles de la “Revolución Libertadora”, se organiza la acción clandestina de los comandos nacionales peronistas, surgen organizaciones clandestinas, se realizan movilizaciones masivas, paros, huelgas, tomas de fábricas, sabotajes, atentados, acciones que hacia el final del período culminan con la conformación de las organizaciones armadas para, finalmente, desplegarse a través del Estado, con toda su fuerza, el poder totalitario, concentracionario y asesino, a los fines del disciplinamiento y supresión de toda anormalidad (Calveiro: 1998)

viernes, 24 de agosto de 2007

Bordeando el umbral desde dos puntos de vista

El oficio de sepulturero

Es verdad,

pero ¿Quién detendrá nuestra caída al quebrarse los hilos de esta telaraña sobre la que reposaron – sin memoria de sostenes- los destinos?

Caída silenciosa,

del derrumbe impalpable como azúcar refinada,

sin proyecto ni prospecto de aterrizaje.

Y al inevitable se le suman los ardores de la tierra seca

y el oficio de desentrañar con uñas raídas,

-deprisa ante el reloj de papel detenido-

sin recuerdos , frente a un mar infinito.

Cómo evitar ser el polvo, tan volátil.

O la raíz hecha carne, enredándose y torciéndose.

O el fruto tímido bajo las superficies sin cosecha.

Pedir agua en una tregua o roer con ritmo de uñas negras bajo lunas de insomnio

Y un testimonio de una mosca resentida

o un juez lombriz que ve su túnel derruido

y resistir y escapar...

martes, 7 de agosto de 2007

Disciplina Rosa

Surgió una dificultad al momento de caracterizar una noticia del día de hoy en la que me detuve, quizá por su origen ambiguo, entre cómico, nota color o policial, y que me indujo, a mi y a otros, no solo a la broma sino a considerarla interesante (quizás justamente porque tuvo el valor de hacernos reír, más bien porque me adentré a otros temas). La información que difundieron los medios, como curiosa, graciosa o ejemplar (no lo se), es que en Bangkok los policías que cometan faltas leves deberán llevar brazaletes de "Hello Kitty".La medida establece que los infractores se coloquen durante varios días esa insignia rosada, en la que se ve al personaje sentado sobre un par de corazones. El objetivo, dice Clarín, es causar vergüenza en quien lo lleva, con el fin de mejorar la disciplina de los agentes. Hello Kitty, pero especialmente la vergüenza, como estrategia de disciplina, llamó mi atención. Se afirmó que con esta medida, los agentes de División de Supresión del Crimen que realicen faltas como tirar basura al suelo, estacionar ilegalmente o llegar tarde a trabajar (fuentes de la vergüenza civil) tendrán que llevar durante varios días la insignia de color rosa con un dibujo del personaje animado sentado sobre un par de corazones. Según los jefes policiales tailandeses, el brazalete de Kitty está diseñado (para emvidia de James Bond) para causar vergüenza al que lo lleva. "Esto ayuda a crear disciplina. No debemos dejar que las ofensas pequeñas pasen desapercibidas", dijo el lunes. "Los agentes culpables tendrán que llevar los brazaletes en la oficina durante varios días con la orden de no revelar sus ofensas. Que la gente averigüe lo que han hecho", agregó. Rápidamente me asombro de los avances en las tecnologías del control y me pregunto, por otro lado, por qué se les permite a los infractores no tener libertad para decidir contar o no acerca de sus faltas. Aquí hay también un llamamiento a responsabilizar al ciudadano de sospechar e investigar al infractor o simplemente identificarlo, sin conocimiento de causa, como corrupto, desobediente o bárbaro.

jueves, 2 de agosto de 2007

La concepción del suicidio en Roma

La concepción del suicidio en Roma a fines de la República

Las fronteras respectivas a las concepciones en torno a la vida, el honor y la muerte eran tan distintas en la antigüedad de lo que son en la actualidad que los tres términos significan hoy algo diferente. Estos tres ordenadores de existencia son claves para resolver lo que a este ensayo convoca ¿Cómo era concebido el suicidio a fines de la República e inicios del Imperio en Roma?

Mores maiorum, ley y comunidad

Que el hombre, como individualidad, proyecte, razone, sienta, que le sujeto viva, es la demostración de la existencia del mundo y de sí mismo; eso mismo nos obliga a aceptar su singularidad. En Roma el vivir se expresó de una forma particular. Se afirma con frecuencia que el hombre romano no interesa tanto en sí mismo y como contemplador a la naturaleza a la cual pertenece y se integra, sino que se considera fundamental el estilo de vida existencial, debatir la posición del ciudadano; en fin, encuentra más importante la organización social, la administración del Estado, que amoldar su vida a un orden cósmico y natural. Algo así como que desvía la importancia del hombre hacia el orden civilizador y social, hacia la problemática política de la sociedad.
El hombre político y administrativo romano libera entonces un poco de responsabilidad al individuo y cede derechos y deberes a la sociedad, como contenedora de los individuos. Esto significa que no es importante ya tanto el derecho natural e individual, sino que el hombre romano es un ciudadano en tanto coexiste en sociedad y solo puede regirse por el derecho positivo.

miércoles, 25 de julio de 2007

Realismo mágico sanjuanino

Los funerales de Doña Inés

"Si en la mayoría de los escritores el fantasma es la fuente de la obra,
para estos escritores el fantasma se ha convertido
en lo que la obra pone en juego, en su última palabra,
como si toda la obra reflejara su propio origen."
Deleuze

I

San Juan no conoce los inviernos húmedos de Las Pampas. Sobre un desierto nació un jardín encantado, detenido en el tiempo, bajo una bóveda de estrellas cercanas, cercado por las imponentes cordilleras. Tras esas cumbres intimidantes se esconden secretos milenarios. Sus habitantes han aprendido su lenguaje y, con ello, a respetar al paisaje de una naturaleza demoledora y conservadora a la que debieron adaptarse con las estrategias más pintorescas, constituyendo una verdadera cultura regional, exponente único del crisol que es la Argentina, profundamente consustanciada con sus raíces indígenas.
Esa tarde de febrero, Doña Inés, mi bisabuela, había decidido que elegiría el momento de su muerte y aún agonizante en el lecho, su espíritu se negaba a las demandas de su frágil salud.–Descanse mamá, vaya en paz- Le decía Guillermo, su hijo mayor. Inés insistía con ser su propio destino, aferrándose a la vida con los restos de un cuerpo que había crecido libre de urbanidad. Sus formas habían sido moldeadas por el trabajo en la tierra a la que sus ancestros veneraban y de la cual ella también se abastecía; sus manos fortalecidas por amasar a diario el pan casero y sus pies hinchados de pisar la vid. Su rostro marcado por los niños que perdió a causa de los padecimientos ante los cuales no existían alivios.

martes, 17 de julio de 2007

El intelectual como problema

“Tratad mi libro como un par de lentes dirigidos hacia el exterior,
y bien, si no os sirven tomad otros, encontrad vosotros mismos
vuestro aparato que es necesariamente un aparato de combate”
Proust, M.

Acerca del problema

Este ensayo introduce, a modo reflexivo, un problema retomado en la actualidad[1]: el del intelectual y la revolución, o al menos, de su rol de conciencia de las masas, la relación del intelectual con el cambio social. Trataré de presentar una cuestión que es en realidad un punto de convergencia de una serie de artículos presentes en la bibliografía del seminario, para confrontarlos y reunirlos en un ejercicio argumentativo que cuestione ¿Si efectivamente es la década del 60´ el momento de constitución de un campo intelectual Latinoamericano? ¿Quiénes lo componen y qué transformaciones se suceden dentro de él al calor del contexto político que atraviesa la Argentina durante esa década? De forma general y sintética, reflexionar acerca del carácter novedoso o de transformación de estos sujetos y su relación con los cambios culturales, sociales y políticos operados durante ese período, como hacer dialogar las caracterizaciones que diversos autores hacen de esa experiencia, también en tanto resultado de una serie de mutaciones que se descubren para revelar qué hay de inédito en la actualidad, lo cual supone una dificultad, una “incomodidad” afirma Sarlo a propósito de su libro Tiempo pasado, “por la necesidad de fijar una posición en medio de una tormenta de debates recién abiertos sobre la lucha armada, la culpa y las reivindicación ideológica de la militancia”[2]

domingo, 8 de julio de 2007

Celdas líquidas



El miedo vuelve en consternación,
frustración devenida en edificio de concreto,
en una paz que no anuncia ningún sueño,
en una triste tranquilidad sanjuanina,
esa que anuncia que nada sucede,
que no hay escapatoria al barullo de voces ciegas,
amenazando con el estallido sutil,
con la liquidez artificial de nuevos barrotes,
y tras esa nube palpable de calma mentirosa,
tan viscosa que ya ni acariciamos los cuerpos si no está convenido,
tras esa membrana deshumanizante,
que fagocita la libertad (también convenida)
están esos hombres que gritan, lloran e intentan escabullirse,
de los odios trasvestidos en moral,
de la violencia señorona costumbrista
de las verdades producidas a golpes y palabras,
a imagen y ciencia,
esos hombres que se inmolan en una danza, elixir o fantasía.
Entonces pienso en Bataille, y en su celebración lacerante,
Y se me ocurre, para ser menos clara:
¡Al carajo a esos otros cepos del bienestar!
Nada mejor que morir de un ataque de risa...

lunes, 2 de julio de 2007

Animismo

Ese foco bamboleante no ha de decepcionarme.
Su inclinación curva simula la simpatía de su luminosidad
-una que no cesa a pesar de los tropezones y caídas-
ante lo ridículo de su precaria estructura.
El estandarte que lo sostiene, en cambio, se ha arqueado
a la manera sospechosa de tanta cosa entrópicamente apilada.

Preferiblemente libros,
-sin clasificación ni orden-
sin otro propósito que la motivación
-casual y azarosa-
de su lectura...

Mis libros están allí para tentar o sanear.
Celebran momentos de distensión,
o excusan a los pensamientos inapropiados para las sonrisas.
Mis libros están allí para ser delirados, sentidos.
Auguran experiencias en mundos ajenos,
o evaden el transitarlos.

Más bien están,
son, viven, hablan, se mueven,
embrollan o aclaran ideas fugaces,
conectan lo difícil e importante
de su lectura...

Estoy notando lo pintoresco y animista de mi habitación.
En realidad es una analogía de lo que deviene en pensamiento,
hablo (estoy) de (en) mi habitación,
porque no quiero referirme (pensar, suceder) a (en) otras cosas.
¿Los objetos se vuelven entonces mis nuevos amigos?
No, solo los noto porque no quiero notar esas otras cosas
o, peor aún, porque no quiero notar la ausencia.

jueves, 21 de junio de 2007

Acerca de pensar los procesos de descolonización

“El colonialista llega a no poder imaginar un tiempo histórico
que se haga sin él. Su irrupción en la historia del pueblo
colonizado, es deificada, es transformada en una necesidad absoluta”
Franz Fanon

Montserrat Huguet incluye en el título de su artículo "El proceso de descolonización y los nuevos protagonistas", dos conceptos que fueron y son objeto de polémica para la historiografía.

¿A qué denominamos proceso de descolonización? y ¿Quiénes son los nuevos protagonistas que emergen del mismo? A partir de estos interrogantes, no me propongo discutir hechos históricos, sino reflexionar acerca de las implicancias y riesgos derivados de ciertas maneras de pensar esos procesos y a esos actores, presentes en la definición que Huguet hace de los conceptos y en los argumentos que sostienen su interpretación histórica.

Huguet sitúa al término “proceso de descolonización” dentro de un debate en el que tanto el enfoque de este autor, así como las diversas interpretaciones que cita sobre la problemática historiográfica, se inscriben en una mirada que privilegia las relaciones político institucionales entre naciones y metrópolis, a escala mundial, entre los años 1947 y 1965¿ Cuáles son las implicaciones y los límites de esta perspectiva?

Detengámonos, en primer lugar, en el problema de la periodización. Huguet supone al fenómeno de la descolonización como un proceso de una duración casi estructural y a escala planetaria, inmanente a desarrollos históricos iniciados en el siglo XIV; ya que según la definición más general que propone se trata de “una constante histórica vinculada a cada uno de los episodios coloniales desde el inicio de la Edad Moderna”[1], cuyo máximo desarrollo se produce desde la caída de los imperios marítimos ultramarinos[2] hasta la integración del Tercer mundo al escenario de confrontación bipolar a mediados de la década del 60’. La primera limitación de este supuesto es que el autor desestima toda diferencia histórica durante seis siglos que no suponga la modificación en la naturaleza de la dominación operada por las potencias a escala mundial.En efecto, según Huguet, los “viejos y nuevos protagonistas” de esa transformación, que permanece constante e invariable por una largo período, serán por definición sujetos de poder: “las naciones descolonizadas” y las potencias hegemónicas colonialistas y neo-colonialistas (o post-colonialistas).

In útero posmoderno

Me es odioso recordar mi estadía del 4 de abril en Buenos Aires por todo aquello que suele considerar a la música como una actividad innecesaria. Era pobre, materialmente hablando, por haber gastado mis últimos ahorros en la entrada al concierto de Placebo. Esas razones de la utilidad se contradecían con una sensación de urgencia, casi caprichosa, por estar allí.

La cuestión es que ahí estábamos, soñando esa noche de luna lobezna, bajo un cielo en tonos azulados y rojizos, una escenografía que era de no creer. ¿Quiénes? Toda una banda sospechosa, engalanada de negro, irrumpiendo un valle artificial montado sobre el barro e iluminado con grandes y fulgurantes luces. Más precisamente, el Dogo, Florence y yo, entremezclados en la masa con lucecitas montadas y listas para escena dispuesta en el club Ciudad de Buenos Aires.
Había estado lloviendo, el terreno era inseguro y el cansancio de la noche anterior nos había sorprendido en la espera, porque el show empezó dos horas después de lo programado a causa del mal tiempo. Además mucha gente junta esperando agobia, nos agobiamos todos de nosotros, y cada uno de la postergación, esa irreverente; pero a la vez, la expectativa era un escondrijo, una identidad, sincera amistad con motivo de la fiesta.

miércoles, 13 de junio de 2007

Viajes

La noche del 3 de abril pasó a un tiempo justo, ni excesivamente veloz, como para olvidar todos los deberes y placeres, ni tan lenta como para anestesiarme.

Subí al micro y advertí algo de lo que ya tenía una sospecha. La sensación se repitió cuando bajé perdida en Retiro y nadie me había ido a buscar; existen determinadas cosas que es mejor, mucho mejor, hacerlas en soledad, puesto que de lo contrario vivimos atados a las desavenencias ajenas. En ese momento, tomé un café, leí el diario, saqué el pasaje de regreso y me marché para la casa de Sebastián. Rumbo a dicho destino advertí, una vez más, que Buenos Aires es asfixiante y hermosa. En algún sentido no es tan diferente a Mar del Plata, esto para mí supone temerle menos, fluir en ella, en sus callecitas adoquinadas, en sus multitudes trabajadoras, en su alteridad desafiante, en todo, todo, lo que exalta y provoca. Quizás es ahí en donde las pequeñeces que surgen de la comparación la vuelven potencialmente atractivas. Buenos Aires guarda dentro un híbrido de culturas. La metrópoli, lo que quita de aire, lo llena con extravagancia, una que es disimulo para sus habitantes, que pasa desapercibida, pero a su vez, rebosa de saberes, de ofrecimientos, de posibilidades infinitas, esas que ningún aire marplatense podrá esparcir; esa diferencia magna y su condicionante e hipócrita felicidad homogeneizante, hace que Mar del Plata exude un carácter aplastánte y apático del que es difícil escaparse. Excesivo miedo fluye en ambas, pero en la primera, vencerlo es condición necesaria para hacer cualquier cosa, de lo contrario, caerías en un hoyo sin fondo. En cambio, Mar del Plata, esconde infinitas posibilidades, más bien son pocas, pero bajo variadas formas, para resguardarse. Buenos Aires sigue siendo para mí un desafío, más aún en este momento, cuando advierto la falacia de la eternidad, la importancia de defender la vida, y por tanto cae toda lealtad a lo imposible e infinito…Buenos Aires podría representar esa lealtad, al menos, como ideal. Esta, mi batalla, es una lucha contra el tiempo, contra el deber, contra el pasado y, principalmente, con la apatía y la decepción, es un combate por algo más deseable, que no es necesariamente territorial. Note una curiosidad, por ejemplo, cuando estaba en el recital de Placebo ( me referiré a él en otro artículo) me llamó la atención que si bien todos referían a una estética vinculada a la banda, no había demasiada producción y ahí donde estaba presente, se veía como naturalizada para la cultura capitalina. Sin embargo, el grupo de marplatenses se distinguían por su carácter forzadamente engalanado en el disfraz y la pintura, demasiado notoria la predisposición al evento hasta un extremo por el qué su diferencia era más artificial que cultural. Yo en cambio experimenté estar dentro de ella, sentía que Buenos Aires me había tragado y que viajaba en sus venas, quizás, porque desde hace tiempo, ese sea un lugar digno para soñar, suspirar aires viciados y perderse por un ratito, aunque no estoy segura si para siempre.

lunes, 11 de junio de 2007

Falsas salidas y eternos retornos

Estuve revisando un viejo artículo de Alain Rouquié titulado “El poder militar en la Argentina: cambios y continuidades”, en el cual se analiza los elementos de cambio respecto a la continuidad marcial de la última dictadura en la Argentina.

Allá por la década del 80´, Rouquié señalaba, entre tantas otras cosas, la existencia de una hegemonía del poder militar a partir de 1930, cuyo correlato es el aspecto reiterativo de la intervención política de las Fuerzas Armadas que demostraría, según su parecer, la imposibilidad de desmilitarizar la vida pública.

Indica tres particularidades de la dominación militar permanente: los militares, por un lado, se hacen cargo del gobierno, pero al mismo tiempo no institucionalizan su participación en el poder, para, finalmente, devolverlo periódicamente a los civiles. Estas tres características definen lo que Rouquié llama “falsas salidas y eternos retornos” del poder militar, que están implícitas en la relación entre las Fuerzas Armadas y la vida pública.

Es posible pensar que el golpe de estado de 1930 se devela no como un antecedente del proceso posterior, sino como su fuente misma. Remontándonos hasta ese hecho no se sitúa el retorno a un mismo marco temporal, con sus mismos elementos constitutivos o fuerzas sociales, sino que se despliegan aquellos flujos que no pueden sustraerse de ese origen. Eso no significa que estas “falsas salidas y eternos retornos” iniciados por ese entonces supongan una recuperación del tiempo perdido o un devenir sin solución de continuidad, más bien, parecieran tener relación con una inscripción del poder autoritario en el cuerpo social: la creencia de que sus modos y sus formas aún variadas reproducen un mismo sentido. Eso es lo contrario a la memoria, en tanto recordar es el pensamiento que piensa la diferencia.

Ensayo sobre la ceguera

Saramago, J. Ensayo sobre la ceguera. Grupo Santillana de Ediciones S. A.,1996.

I

Aprecio de Ensayo sobre la Ceguera dos elementos disímiles: una experimentación original acerca de un pretendido saber sobre el valor de la mirada; así como el refinamiento que caracteriza al humor negro de su autor, que nos introduce, de forma sutil y cínica, en una verdadera pieza literaria de terror.

Quisiera reflexionar, sin mucha prudencia o precisión, sobre el primer tema, ya que esconde una originalidad al momento de representar la relación entre la mirada, el saber- poder y la verdad, e intentaré problematizar a partir de su historia, sin explicaciones concluyentes, algunas cuestiones que me interesa destacar.

Es posible empezar sugiriendo que algo de lo que la oscuridad evoca se perdió en su propia historia, y esto mismo fue condenado por la facultad a la que ha sido asociada, la del ocultamiento. Develar y ocultar, juego de luces y sombras ensayado de diversas formas por el poder y el saber, asociados a la mirada ( al quién mira, cómo mirar, qué mirar, con qué fin y en qué sentido) compone un elemento central de los instrumentos y técnicas de producción de verdades y supone entonces su imbricación con unas relaciones intrínsecamente sociales y políticas. Ensayar la metáfora de una sociedad cegada, es ensayar acerca de un problema político y no, como se ha creído, reflexionar sobre una suerte de naturaleza terrorífica humana que se pondría al descubierto a partir de perder el sentido de la vista, o al menos personalmente no me interesa leerlo desde esa perspectiva.