domingo, 25 de enero de 2009

Estese Confuso- Alfredo Casero


La palabra, la voz y gestualidad de Alfredo Casero es su arma artística poderosa, no requiere de artefactos para hacer malabares, de disfraces para construir el personaje o escenografías que le recuerde al público lo pequeños que son ante lo sublime. Caseros es grande, a pesar del escenario, dentro y fuera de él, pero ante todo sobre él es una artista, un hombre que, como el mismo afirma, ha optado por hacer lo que le da la gana. Lo sublime y trascendental, el rey y la soberanía del arte de los poderosos, con sus artificios y espectacularidades, es desnudado con música, humor e inteligencia caprichosa. Hay un guión, pero no una explicación subyacente a todo el caos del monólogo, en ninguna parte del espectáculo, de un momento a otro, se desenrollará un desenlace que cierre la obra, solo nos sorprende si podemos seguirlo sin dejar de estarnos confusos. La obra se compone de escenas fragmentadas, toda una serie de personajes de él mismo y sus otros, reflexiones, situaciones, pensamientos, que van fluyendo y entremezclándose y de ese embrollo de palabras inventadas, desconexiones y otras formas posibles de decir lo mismo y lo diferente, surgen sensaciones, carcajadas, pero también una posición sobre la dimensión política de las máquinas, los fluidos corporales, las palabras y personajes de la vida cotidiana del ser nacional. En estese confuso adelanta que este es un gran momento para intervenir en el arte, lanza contragolpes contra el sentido común, desentornilla la economización de los modelos de vida (de comprar el celular, a comprar el auto, del auto a la casa, y de la casa al perro y luego un hijo, para cambiar el auto, y no llegar a ningún lado), se mofa de los garúes de la calidad de vida y la comercialización del discurso mediático (alfajores holográficos para niños, deslegitima la empresarización de la constipación femenina, ridiculiza la falsa manipulación mediática) personifica la conchudez, se adentra en la profunda relación del hombre y la mierda, nos asombra con magia sin trucos, canta cualquier género y en cualquier lengua, hasta inventada, como los mismísimos dioses. Se vale del lenguaje visual, publicitario y cinematográfico, dándonos la sensación de que estamos en el cine para ver una película, pero no intenta vendernos nada, sino utilizar ese formato conocido para ridiculizar la cultura del espectáculo masivo al servicio de la publicidad y decirnos otras cosas que no esperamos escuchar. Se trata de un minucioso trabajo experimental sobre el disparate y lo absurdo de la realidad, contra toda soberanía del orden del discurso.

martes, 20 de enero de 2009

El Onryo: mitología oriental llevada al cine de terror



La adaptación de Tusuruya Namboku de una obra Kabuki basada en un onryo, Yostuya Kaidan, estrenada en 1826, es un ejemplo de eficacia literaria y visual. Fue primero numerosas veces representada, luego se volvió el tema preferido de artistas como Tsukioka Yoshitoshi y Shunkosai Houkuei y, más tarde, fue adaptada para el cine siendo muchas de estas obras destruidas luego de la ocupación de Japón por el ejército de los Aliados tras la Segunda Guerra Mundial. Actualmente se conoce mejor al Onryo por su presencia en el cine de terror oriental. Los onryo son seres fantasmagóricos de la mitología japonesa que escapan al mundo espiritual y vuelven al plano físico con sus largas cabelleras negro azabache, sus pieles blancuzcas violáceas, ataviados en Kimonos blancos de luto, en busca de venganza, que existían previamente como creaciones vigentes en las leyendas orientales. No obstante, es a partir de aquella adaptación de Namboku que cobran cierta notoriedad, construyéndose un símbolo ciertamente original y popular del onryo que pervive y se difunde incluso en la actualidad a través de la filmografía oriental de terror. La imagen saturada de información es reinventada y clasificada por el dramaturgo de otro modo, un acto semiológico que no deja de llamarnos la atención por la repetición de este conjunto de signos que componen la figura del onryo que infunde toda una concepción de la sociedad, la cultura y la naturaleza, maneras de pensar y sentir el amor, la pasión, el dolor, la venganza, la espiritualidad.
El lenguaje de este onryo, que en la obra se llama Oiwa, es paradójico, puesto que quien ejerce la violencia es a la vez una víctima. Oiwa envenenada por su marido quien buscaba casarse con la hija de un magnate, no muere de inmediato como cierto imaginario aséptico de la muerte anhela, que de tan trágica se espera al menos de sí un gesto de pudor. Por el contrario, queda desfigurada por los efectos del veneno: su cabellera se desprende por mechones, cual una inversión de la fábula edípica se le desgarran los ojos sin perder la vista que le devuelve en el espejo su imagen deformada y la máscara mortecina de la traición de su marido. Ante tal revelación encuentra su muerte sin sepulcro. El espíritu atormentado y vengativo, aquél rostro femenino de la culpa, perderá su nombre y perseguirá en todos los rostros de mujer al violador del tabú u a otros, en una cadena sin fin o en su formato actual, hasta que, como en la tragedia, todos aquellos que se vieran involucrados en el infortunio mueran y el crimen haya sido purificado. La sensualidad pavorosa en la que adquiere valor el lenguaje de Oiwa es fundamentalmente visual y repetitiva, cabelleras azabache que emergen húmedas del agua, un rostro mudo y mortecino se superpone al rostro de todas las féminas, se presenta en forma de la humedad de un cuerpo que ha sido arrojado al río sin los debidos decoros, que se anuncia con las formas animalescas de sus movimientos. Todas aquellas imágenes dejan impresiones vivas en sus atormentados a quienes no se les otorga la posibilidad de hablar. Cuanto más callan, más se enfurecen estas criaturas que, por otra parte, no busca la redención en el perdón sino en la muerte de sus asesinos. La demostración de lo sucedido, la visibilidad que adquiere la culpa en aquella figura que no puede escapar a la repetición junto con sus asesinos, es un agregado que, en parte, pretende justificar la violencia del onryo, pero tal cosa no aparece en la obra original. La del Onryo no es una venganza justificada. Para la cultura occidental es necesaria una explicación de tal violencia y, como es común, esta legitimidad suele conseguirse demostrando la inocencia de la víctima, cuestión que manifiesta el lenguaje del que se vale especialmente el cine actual de terror respecto a la mujer que, ambiguamente, deviene en criatura que manipula la culpa de su agresor para asesinar y, por ello, requiere ser víctima inocente y de la culpa misma para existir.
Tal violencia expresada en la obra tuvo en cambio una dimensión política. Namboku se basó en dos asesinatos reales que tuvieron cierta visibilidad pública en su momento. Combinó el asesinato perpetrados por dos sirvientes contra sus amos por el cual fueron ejecutados y la muerte de la concubina de un samurai al develar este último que ella tenía un amorío con un sirviente, los amantes fueron clavados a una tabla de madera y arrojados al río Kanda. Venganza de la plebe contra los amos y de pasión trastocada en una historia moral de engaños y dinero que hizo del Onryo una figura popular oriental y que pervive como marca. La culpa ya no fue más desde entonces el privilegio de los ricos. La presencia repetitiva del Onryo en las fábulas de terror cinematográficas aportan un dato más acerca del maltrato de las mujeres en aquellas sociedades, ya presente este tema en la obra de Namboku, quien es considerado un referente del período Bunsei, tiempo de conflictos sociales y durante el cual la mujer fue fuertemente reprimida. La posición de la mujer en las adaptaciones actuales se ilustra en el hecho de que deban recurrir a una existencia no terrenal para perpetrar sus venganzas y ser víctimas inocentes para verse legitimada su violencia. Pero Oiwa nunca fue la violencia del poder, sino la muestra no viva de sus efectos.

miércoles, 14 de enero de 2009

Año nuevo, blog renovado

Me atropella el 2009. Vuelo de un solo golpe temporal por los aires de la falta de planificación y balance alguno. Dionisios me embriaga. Entre otras cosas, empiezo a pensar en iniciar otro blog. Me detengo un poco para preguntarme por qué la necesidad de emprender un nuevo proyecto cuando apenas pude sostener Ceterum Censeo los últimos meses. Deleuze anuncia en su Postdata que en el mundo que viene el problema ya no será el del paso de un encierro a otro, de casa a la escuela, de la escuela a la fábrica, el hospital y algún que otro conocía también la cárcel (En realidad Foucault nunca se abocó específicamente al problema del encierro) Pero en fin, Deleuze afirma en ese bello texto que la característica de esta etapa del capitalismo que nos asiste será, y es ya, puesto que se ha instalado, la de la deuda infinita y uno de sus efectos es la imposibilidad de terminar nada. Pienso rápidamente en mi artículo anterior y la verdad es que desde diciembre a esta fecha cambié de opinión, deberíamos hacer una verdadera alharaca cuando finalizamos procesos largos de nuestras vidas, valorar el trabajo y esfuerzo que estuvieron implicados en su consecución. Es posible incluso que pertenezca a las últimas generaciones que estudiaron profesiones liberales durante un promedio de seis años en instituciones públicas. De modo que me propuse darle continuidad a este blog, trabajar en él hasta que se agote, pero renovando sus aires acorde a lo que voy a considerar como un nuevo presente. Dos ideas giran en torno a esta nueva configuración del blog y que exploraré entre otros temas en mis artículos o ensayos. La primera es la de llevar adelante un blog menor, intentar hablar en la lengua de los blogs como un extranjero. No ser un blogger pero intentar llevarlo a sus límites. El otro concepto está ligado al anterior y es el de la extranjería, esta vez no en relación a la blogósfera, sino en virtud de la pequeña polis de la que participo. Mar del Plata es una ciudad poblada durante el año y ocupada temporalmente por extranjeros. La marplatensidad casi no ha soportado dos generaciones sin nutrirse de elementos migratorios. No se es nunca marplatense, carecemos de identidad propia, no somos el señor bajo la sombrilla de colores, ni la joven en bikini tras una ola, ni surfers, ni cineastas, ni intelectuales bohemios y demás clichés para las portadas de los suplementos de verano y esto es un dato interesante de esta ciudad de la que todos sus habitantes reniegan, de un territorio de bandas en el que todos se sienten o son de alguna manera extranjeros. Por esta última razón he decidido escribir sobre esta ciudad que de ser el paraíso veraniego de la elite ha devenido en la peor opción del viajante, la cárcel de sus habitantes, una ciudad que nadie quiere pero que es visitada por muchos argentinos cada verano. Una ciudad que por su origen está condenada a ser un balneario y que ha fracasado en su intento de pensarse distinta.

Estás todos invitados a leer, escribir, comentar, sugerir, discutir, publicar y demás empresas.

jueves, 21 de agosto de 2008

Batman “El caballero de la noche”

Las películas de Nolan me dejan la sensación de que es necesario volver a verlas, que queda un resto, que nos hemos perdido de una pista, una línea, una forma fundamental; en síntesis, nos incomodan y no concluyen. Este formato es un tanto extraño para una película de acción de Hollywood, no sólo por cuestiones comerciales harto referidas, sino por lo que culturalmente esto implica, las de Hollywood se me aparecen como fórmulas repetidas según las cuales releemos una trama que ya nos ha sido narrada de la misma manera y que nos produjo un cierto goce, que releemos una y otra vez en cada versión de esa misma historia. Aún admitiendo -como algunos autores afirman- que todas las historias han sido ya contadas, lo que se modifica es la forma en que pensamos esas mismas temáticas que reaparecen una y otra vez. En ese sentido, creo que Nolan actualiza las problemáticas de Batman en función del mundo nuevo al que asistimos.

sábado, 28 de junio de 2008

Lo frío y lo cruel

Anotaciones acerca del libro de Gillez Deleuze. Presentación de Sacher Masoch. Lo frío y lo cruel.

Primera nota

El poder es, antes que nada, un multifacético mecanismo de represión, afirma Deleuze. Las formas que adopta lo muestran en su intimidad más profunda, aquella que, justamente porque lo exhibe, lo vuelve obvio, se mantiene secreta, reprimida, negada. De allí se desprende que eso que no habla, es la violencia misma.
En algún momento de nuestra historia, ciertos aspectos de la sexualidad fueron sometidos al silencio. La sexualidad no era lo que no hablaba, la violencia, sino aquello de lo que no se hablaba, objeto del silencio.

viernes, 2 de mayo de 2008

Centralismo y federalismo y el debate en torno a los límites del poder

Ezequiel Gallo presenta el debate en torno a la federalización de Buenos Aires como parte de la reflexión que realiza la elite intelectual y política de la época acerca de los límites del poder. El marco en el que se inscriben estas ideas políticas es el que ha sido caracterizado como proceso de consolidación del Estado Nacional y configuración de un orden político legítimo.

Aceptando el principio liberal de gobierno limitado; Alem, Alberdi, Hernández y Tejedor, entre otros, discuten las maneras posibles de distribuir y limitar al poder nacional con el objetivo de evitar la centralización o descentralización excesiva del mismo, así como las extralimitaciones de quienes lo detentan.

martes, 25 de marzo de 2008

Poder desaparecedor

Con motivo del 32º aniversario del golpe de estado más cruento y terrorífico de la historia argentina, me ha parecido pertinente recomendar la lectura de un trabajo original sobre la anatomía del poder militar en la Argentina, el polémico estudio de Pilar Calveiro, Poder y desaparición, en el que se analiza las particularidades del poder desaparecedor a partir de su expresión concentracionaria: los campos de concentración-exterminio argentinos.

Calveiro enmarca su ensayo con una reflexión sobre la relación de las fuerzas armadas y el poder en nuestro país, relación que caracteriza como de una cercanía que a partir de un proceso complejo le otorgó a las fuerzas armadas peso político propio y una autonomía relativamente creciente. Esta caracterización está ligada a la perdida de capacidad de los grupos económicamente poderosos de controlar el sistema partidario para ganar las elecciones, en tanto, las fuerzas armadas y especialmente el ejército, según Calveiro, se constituyeron en el medio para acceder al gobierno a través de las asonadas militares. Así, se convirtieron en receptáculos de los ensayos de las distintas facciones del poder por recuperar cierto consenso pero, sobre todo, para mantener un dominio. De esta forma, Pilar Calveiro desarrolla como las Fuerzas Armadas se fueron constituyendo progresivamente en el núcleo duro y homogéneo del sistema, con capacidades no solo de manutención de un orden y un dominio, sino también de representación y negociación con los sectores decisivos del gobierno, fenómeno que ha sido desarrollado en profundidad por autores como Alain Roquié y Robert Potash y conceptualizado por otros y estos mismos autores como de politización de las Fuerzas armadas y militarización de la política. Pilar Calveiro va más allá al plantear que la limitación que representaba para los sectores poderosos su falta de consenso se disimulaba ante el poder disuasivo y represivo de las armas; el alma del poder político se asentaba en el poder militar. Este rasgo es de suma importancia para la autora en el marco de la no consolidación de alianzas estables y la crisis del sistema de partidos, frente a una sociedad compleja y fragmentada. Dicha atomización política y económica de la sociedad era compensada, en alguna medida, por la unidad disciplinaria del aparato armado y su imposición sobre la sociedad. La espiritualidad armada ingresaba allí donde fallaba el control material. Por otro lado, el proceso conjunto de autonomía relativa y acumulación de poder crecientes las llevó a asumir con bastante nitidez el papel mismo del Estado, de su preservación y reproducción, como núcleo de las instituciones políticas, en el marco de una sociedad cuyos partidos eran incapaces de diseñar una propuesta hegemónica.

sábado, 8 de marzo de 2008

El infierno prometido (Elsa Drucaroff)

En el día de la mujer, quería rescatar la entrevista que realicé a Elsa Drucaroff, una gran mujer que me enseñó a mirar ciertos aspectos de la realidad política de las mujeres desde una perspectiva reparadora y a través de un discurso de resistencia.

El infierno prometido y la construcción de un discurso de resistencia

En diversas miradas sobre la Argentina y su pasado, los discursos se adhieren, reproducen abnegados, demuestran talentos y saberes, debaten o explican, y así se desarrolla la marcha tortuosa y a menudo contradictoria del pensamiento. En algunas ocasiones se cuestiona cierta fidelidad de la memoria a una herencia. Al respecto, existe una bella disonancia entre los relatos históricos que tienden a recuperar procesos totales y la novela histórica. Es posible imaginarse que esta última al igual que “la historia” no está exenta de la tenaz industriocidad que requiere la exploración retrospectiva de un tema y un período, formando parte también del esfuerzo colectivo y constructivo de la memoria. Tampoco es ajena a las creaciones de mitos, como a las versiones menos frecuentemente ofrecidas que sacuden los recuerdos favorecidos por la continuidad o el silencio, rememoraciones parciales que dejan larvados acontecimientos valiosos del pasado.

martes, 4 de marzo de 2008

The Police en River Diciembre 2007

Pasó el fin de año. Diciembre, especialmente, es fácil de musicalizar. Alcanza con habernos sumergido en la obra de The Police. La tarea de llegar a un recital de estas magnitudes, aún en el marco de un año plagado de megarecitales por estación, está fuera de toda finalidad monótona. Los caminos a los estadios como River Plate están garabateados, son sinuosos, pero lo que se encuentra en el montaje artístico dispuesto para el espectáculo es un caudal de emociones, ansiedad, recuerdos, de unas sesenta mil personas, agrupadas en diversas escenas, que se hallan allí listas para un evento que no pasaría desapercibido, por la larga ausencia de esta banda en el escenario, porque es percibido por tener todo para hacer historia en el rock, mientras no supone la expresión de una nueva obra artística.

lunes, 25 de febrero de 2008

En memoria

Hoy hacen ya dos años de la muerte de mi vieja. Se despidió de la vida del modo que le era más propio, velando por su familia y con voluntad . Quiero recordarla aquí no con sentido trágico, ni heroico, sino como un ejercicio de memoria, en tanto recuperación de sentido, en cuanto el olvido sistemático es la locura. De esta manera creo que se actualiza el presente y nos da la posibilidad de volver a vivir.

Durante nueve años de su enfermedad mi familia vivió con la certeza de la muerte, de su inminencia, de su sentido trágico, es decir, con la imposibilidad de revertir ese proceso. Mi madre sabía que iba a morir de un momento a otro. Unos meses, como máximo un año, era el promedio de vida de la ELA (esclerosis lateral amiotrófica), así lo dictaminó el diagnóstico. En un mundo en el que los hombres silencian la muerte y excluyen a los considerados "nuevos inútiles", su condición cuadripléjica, la exhibición de la cercanía a la muerte, la necesidad de hablar sobre ello y el tener que seguir adelante con el dolor, causaba horror, alejamiento, angustia y diversas forma de negación; incluso a veces para quienes la acompañábamos, hasta que comenzamos a convivir con esas contradicciones y a comprender lo difícil que era para otros. Ante el despliegue de esa ilusión absoluta, mi vieja lucho por su vida, en la medida que creo que logró comprender que, como dice Primo Levi en Si esto es un hombre, la felicidad perfecta no es posible pero también, en su consideración opuesta, lo mismo ocurre con la infelicidad perfecta. Los momentos que se oponen a la realización de uno u otro estado limite son de la misma naturaleza: se derivan de nuestra condición humana (...) Se opone a ello nuestro eternamente insuficiente conocimiento del futuro; y eso se llama en un caso esperanza y en el otro, incertidumbre del mañana. Se opone a ello la seguridad de la muerte, que pone límite a cualquier gozo, pero también a cualquier dolor. Mi vieja, a pesar de su estado, no se entregó a ese fundamento tanático por el cual no podría haber felicidad y vida en la enfermedad, es decir, luchó por preservar la dignidad de su vida, a pesar de que las miradas ajenas no pudieran considerarla como tal en condición de invalidez. Creyó en la posibilidad de algún adelanto científico que pudiera revertir su enfermedad o al menos le permitiera sobrellevarla, pero específicamente, se esforzó en vivirla aún bajo esas condiciones limitantes. En sí, se propuso transitar con dignidad a la muerte, cosa que no todos los hombres pueden hacer.Tal es así, que durante los primeros siete años organizó la comida y limpieza de la casa junto a Felisa y Mabel, a quienes le estoy eternamente agradecida por su amor. Administraba el dinero de las compras de lo que hacía falta y ahorraba para cada uno de sus hijos una parte. Organizaba sus cuidados de sí en connivencia con nosotros, por ejemplo, sus baños y distintos dispositivos para las duchas, que le permitían poder disfrutar del agua golpeando su cuerpo, sin resignarse al sistema de esponjas y baños en la cama. Dispuso una serie de almohadones para estar cómoda en su sillón o en la cama, gracias a lo cual sólo el último año se mantuvo en cama y se hirió su piel. Se ponía cremas antiarrugas, se teñía el pelo, elegía su ropa y cosméticos a través de una señorita que le vendía e incluso compraba alguna para Evelina y para mi. Organizó su propia dieta, a base de alimentos que no fuera necesario masticar, para evitar el peligro de ahogo y que contuvieran los nutrientes necesarios. Cada tanto comía dulces que le gustaban o festejábamos un cumpleaños con su adorado champán. Arreglaba los horarios de su medicación y controlaba las dosis. Conversábamos por la tarde y en su gran cantidad de tiempo dispuesto al ocio, miraba televisión y pensaba sobre todo lo que acontecía a su alrededor y en el mundo que veía a través de la pantalla, que escuchaba en la radio y que le contaban. Le gustaban los programas de cocina, manualidades (ella antes cocía) y mirar películas. Nos sorprendía que a veces supiera de noticias o de una oferta en una tienda antes que nosotros. Diseñó todo un sistema para hacerse entender, puesto que tenía una atrofia en el habla, por lo cual sólo quienes pasaban tiempo junto a ella podían comprenderle. Buscó reducir al máximo su dependencia para poder decidir aquello que podía acerca de su vida. Decidió sobre sus tratamientos, algunos de ellos experimentales, incluso sobre sus relaciones personales, aconsejó a sus hijos, nos retó y festejó logros, discutió sobre su condición con la familia y nos exigió deberes, pensó en el suicidio pero también en cómo seguir viviendo. Decidió, a pesar de los pronósticos de los médicos, incluso, el momento de su muerte. Los meses, ese año, se volvieron nueve años, durante los cuales como se ve, no solo hubo dolor.

jueves, 24 de enero de 2008

Notas sobre un sueño

Nadie creeía que estábamos soñando

A mis pies yacía un lago, era un charco profundo, en él se reflejaba la burla de un globo aerostático cuya sombra se esparcía a la velocidad del miedo.En la otra orilla, una corte de reinas buscaba un culpable al universo. Y un exceso de causas sobrevolaba las nubes. Para mi eran de la familia de las casualidades.Pero los topos se esmeraban en ver lógica en su vuelo.
Todo se me aparecía felizmente ridículo. Imposible soportar el éxodo de la osamenta de un sistema de producir hombres como una verdad que no fuera la invención de un puñado de locos.
La mayoría de los bufones estaban convencidos de que era inútil intentar otra cosa entre tanto exceso.

Nadie creeía que estábamos soñando

miércoles, 19 de diciembre de 2007

Servicio de tutorías pagas

Hace tiempo que no escribo, es una mala costumbre. Estoy trabajando en algo que me ocupa bastante tiempo, más mezquino, con poco valor monetario, pero aún más devaluado intelectual y socialmente: la docencia. Pero no cualquier tipo de docencia, sino la de profesor particular. Debo confesar que es un trabajo imposible, de una intensidad de aparente sin sentido más que el acopio de datos, reducidos hasta la infinitesimal síntesis explicativa, que haga posible algún tipo de aprendizaje que sirva para la aprobación. No caben las preguntas existenciales, ni otros sentidos más elevados, mucho menos uno puede aspirar a plantearse objetivos que no tengan que ver con la materia que se enseña, aunque valoro la instrucción de estrategias para sobrevivir, a los padres perseguidores, a la Iglesia, a los docentes e instituciones en general. Esto, dado el caso, es muchísimo. Para mi es gratificante en la medida que me obsesiona combatir el espíritu de la pesadez. Quizás aparentemente este testimonio es menos valioso porque nunca estuve frente a un grupo y puede ser, sin embargo, profundicé con cada uno sus problemáticas, personales y con la historia; experiencia que tienen los docentes a cargo de un curso solo en excepciones.

domingo, 18 de noviembre de 2007

El mito y el eterno retorno

Hace un tiempo escribí en este blog un artículo acerca de los intelectuales (presente aún en la categoría de ensayos), asimismo en el último número de Prometheus Mdq pubicamos una nota al respecto (pmdq.com.ar). Unas semanas atrás me encuentro con una nota editorial de Marcelo Moreno, en el diario Clarín, titulada Intelectuales, latinos y cool. En ella se plantea que “Cada vez son más y el modelo parece reproducirse entre los jóvenes. Son los intelectuales latinoamericanos cool, género que suele emerger con un título bajo del brazo de una universidad de la región y que no tarda en aderezarse con un posgrado del Primer Mundo.” Universitarios, muchos de ellos profesionales, este “género” (especie de concepto racista remodernizado) se define por su “actitud”, que consiste en sus hábitos culturales postmodernos e internacionalistas. En palabras resentidas del autor “ellos se entrenan en ignorar las abyecciones de éstas sus tierras, adoptando una postura posmoderna de ciudadanos del mundo” y sigue “Porque el intelectual latinoamericano cool es un habitante del universo global, experto en las últimas tecnologías, conocedor a fondo de las modas y tendencias que reinan en los países centrales, ocurran en el campo del pensamiento, el diseño o la gastronomía. Y su cultura es ecuménica: puede ser versado en budismo zen, en la cinematografía nazi o arte polinesio. Le encanta -y se precia de ello- resultar indistinguible de un danés o un canadiense” Y como si esto fuera poco, profundiza en su moralina “Pero en lo que resulta un auténtico experto es en permanecer indiferente respecto de lo que ocurre en sus tierras. Snob, hedonista, individualista, la política le resulta una materia sucia y antigua. Por lo cual su país puede estar en manos del narcotráfico, la mafia o la corrupción más letal pero mientras a él el sistema le garantice la preservación de sus libertades, permanecerá impasible, extranjero a cualquier emoción” ¿A dónde quiere llegar Marcelo Moreno? “A que Este tipo de ejemplar (¡!) es lo opuesto al intelectual de izquierda de los años 60 o 70. En vez del compromiso, lo suyo pasa por mirar hacia otro lado. Y en eso resultan más dóciles a cualquier poder que los intelectuales de derecha del pasado, que al menos se entrometían en pensar la realidad.”

martes, 13 de noviembre de 2007

Alegrías

Durante cuatro inviernos, y digo inviernos porque la sensación de haber hibernado es una imagen bastante ilustrativa de cómo me sentí por esos tiempos, guarde una secreta esperanza, no el triste reflejo de la esperanza, ese mono que se rasca sobre una mesa y tiembla de frío, como ilustra Cortazar, sino la ilusión de ganar una guerra imprecisa. En algún momento fue más fuerte la necesidad de formar parte del ladrillo de cristal en el que estamos todos metidos. La necesidad, en la cultura, en la política, en la vida, lleva a intentos desesperados, a lo que tuve que oponer cierta voluntad de poder. Yo nada sabía de eso que llaman realidad, quizás un poco, tan poco como para sospechar. Todavía oía los latidos ahí dentro. Pero de dónde sacaría la fuerza para romperle la cabeza a ese mono que me asechaba, destruir las paredes y abrirme paso como aconseja el cronopio, o Julio o algún fama, no importa. Pequeños nacimientos. Quizás necesitaba mezquina y genuina ayuda. Es probable también que buscara una explicación. No es fácil vivir sin esas arañas que trabajan día y noche. Pero la sensación de carecer de estructuras endebles sobre las que reposa todo un imaginario imperativo es una novedad, una experimentación cotidiana, pero jamás un estado acabado que podría conquistarse, y mucho menos una posición eterna ante el mundo. De cualquier forma, no es justo hacer de esa limitación un nuevo juicio de Dios, No me juzgo por esos cuatro años en que debí (o mejor dicho me salió) tomar caminos alternativos, de los que mucho aprendí, que me permitieron pensar.

sábado, 27 de octubre de 2007

Sinfonía Vietnamita: una mirada diferente de la Guerra de Vietnam

La guerra de Vietnam, la más larga de los Estados Unidos, generó una gran cantidad de material cinematográfico. Así, este dramático hecho histórico, fue representado en películas argumentales que van desde la maravillosa Apocalypsis Now de Francis Ford Coppola hasta Rambo: First Blood Part II de George Pan Cosmatos. Asimismo, una gran cantidad de documentales producidos entre los años 1965 y 1993 reflexionaron sobre el impacto histórico de este conflicto bélico haciendo hincapié en la oposición de los jóvenes norteamericanos a participar en la guerra, la intervención del movimiento pacifista en la crisis interna de los Estados Unidos, en la particularidad histórica de las guerras de liberación nacional, la utilización de la guerrilla y las estrategias de Ho Chi Min para la lucha y resistencia a la ocupación territorial, los efectos traumáticos para la sociedad estadounidense, la propaganda y la manipulación televisiva en Norteamérica, entre los ejes temáticos más importantes.