El 12 de enero murió en París el director de cine Claude Barri, quien en 1993 dirigió la película Germinal basada en la novela de Emile Zola. Film que generó polémicas, en tanto el artista salió al encuentro de su presente, adelantándose a juzgar las transformaciones del valor del trabajo a partir de la década del 90´en Francia. Su recurso fue hurgar en el pasado. ¿Qué significó el trabajo para los obreros mineros franceses del siglo XIX? ¿Qué misteriosas series y contingencias ligan la actualidad a esos tiempos en que se germina la sociedad que quizá estemos viendo morir? ¿Cómo restituir el hilo de la tradición y tender un puente entre ese pasado y el presente que ya no parecen estar comunicados por los sentidos? La película ilustra los tiempos en que el trabajo asalariado emergía como una novedad sin precedentes, se trataba de un fenómeno inédito, en los albores de la sociedad disciplinaria, al que se le opondrían diversas variantes de la idea de la rebelión del individuo, esa que, según Eric Hobsbawm, es socavada en nuestra época por una economía basada en la empresa y, como afirma Tomás Abraham, de una economía con pretensiones más allá de su dominio, se refiere a la emergencia de lo económico como instancia cultural. La escena en que se concibe esta película no estaba clara (y no lo está aún para nosotros), así como tampoco la naturaleza de aquellas nuevas formas de poder que progresivamente se instalaban en el mundo. Si bien el desorden global aquejó a las últimas décadas del siglo XX, algo ya se advertía en el momento en que Berri ideaba Germinal y es que el trabajo, o la ausencia de él, sería una de los grandes cuestiones sociales del siglo que venía. La tecnología impone con sus tiempos frenéticos de innovación nuevos requerimientos, surgen por ello, los analistas simbólicos, y se expulsa al trabajo humano de la producción de bienes y servicios, sin garantizar un crecimiento económico que absorba a los trabajadores desplazados, ni la creación de nuevos sectores para insertarlos. El trabajo, aunque menos demandado, seguiría siendo central en la producción, pero la globalización hizo que la industria se desplazase a países que disponían de mano de obra a precio bajo. Se produjo así una transferencia de puestos de trabajo a regiones con salarios bajos, facilitada también por la tecnología y la ideología empresarial, cayendo los salarios ante la presión de la competencia de los denominados ejércitos de desocupados. La economía familiar se destartala y las relaciones de poder y de género en su interior se rearticulan, mutan, reatrapan a los movimientos de fuga al modelo de la economía familiar moderno. El proteccionismo, se cree podría contrarrestar esas presiones, no obstante, los límites impuestos a la razón de Estado y la intervención del capital benefactor en el mercado para ejercer desde allí un dominio socio-cultural y no sólo económico, debilitó la voluntad política y a la gran mayoría de los medios para matizar los efectos de los cataclismos sociales y económicos. El crecimiento económico de los 90´, se creía también, facilitaba las cosas, pero no reemplazó la voluntad política. Todas las medidas pueden ser engañosas si se basan exclusivamente en el crecimiento, debido a que, si la coyuntura cambia las seguridades y protecciones al trabajador desaparecen haciendo caer en la precariedad a numerosos asalariados y en Argentina conocemos bien de estas falsas ilusiones, la actual crisis mundial pone al descubierto esta dimensión del problema, a la que se le agrega una tendencia xenofóbica que en el símbolo de Obama nos da una esperanza de que no se profundice. Aunque este tipo de reacciones también datan de aquella época. En Francia, desde 1981 la coalición del Partido Socialista y el Partido Comunista francés, arengaron esperanzas que rápidamente se diluyeron por recortes e incumplimientos, agravándose las decepciones, caída del muro de Berlín mediante, con la constitución de un clima propicio para la emergencia de una amalgama de consignas y emociones (en una mezcla de xenofobia y política de identidad), que cuajó en el lema de Le Pen “Dos millones de parados, dos millones de inmigrantes de más” y que a pesar de que el crecimiento de su partido no perduró más allá de mediados del 90´, la vigencia de su frase actualiza la amenaza de sus consecuencias. La situación se creyó entonces que habría cambiado por la explosión de huelgas en Francia, cuando millones de trabajadores de diversos orígenes se manifestaron contra el gobierno y las ideas racistas de Le Pen, quien fue descubierto como Nazi. Su partido se escindió y su caudal de resultados electorales declinaron, sin embargo, las tendencias xenofóbicas respecto de los trabajadores inmigrantes de los países pobres o más afectados por la desocupación se instalaron, hasta institucionalizarse en políticas represivas y excluyentes con criterios raciales en los países centrales.
...una extranjera en su propia tierra.
Cultura alternativa: política, historia, literatura, rock, cine, teatro, etc. Reseñas y ensayos.
miércoles, 4 de febrero de 2009
domingo, 25 de enero de 2009
Estese Confuso- Alfredo Casero

La palabra, la voz y gestualidad de Alfredo Casero es su arma artística poderosa, no requiere de artefactos para hacer malabares, de disfraces para construir el personaje o escenografías que le recuerde al público lo pequeños que son ante lo sublime. Caseros es grande, a pesar del escenario, dentro y fuera de él, pero ante todo sobre él es una artista, un hombre que, como el mismo afirma, ha optado por hacer lo que le da la gana. Lo sublime y trascendental, el rey y la soberanía del arte de los poderosos, con sus artificios y espectacularidades, es desnudado con música, humor e inteligencia caprichosa. Hay un guión, pero no una explicación subyacente a todo el caos del monólogo, en ninguna parte del espectáculo, de un momento a otro, se desenrollará un desenlace que cierre la obra, solo nos sorprende si podemos seguirlo sin dejar de estarnos confusos. La obra se compone de escenas fragmentadas, toda una serie de personajes de él mismo y sus otros, reflexiones, situaciones, pensamientos, que van fluyendo y entremezclándose y de ese embrollo de palabras inventadas, desconexiones y otras formas posibles de decir lo mismo y lo diferente, surgen sensaciones, carcajadas, pero también una posición sobre la dimensión política de las máquinas, los fluidos corporales, las palabras y personajes de la vida cotidiana del ser nacional. En estese confuso adelanta que este es un gran momento para intervenir en el arte, lanza contragolpes contra el sentido común, desentornilla la economización de los modelos de vida (de comprar el celular, a comprar el auto, del auto a la casa, y de la casa al perro y luego un hijo, para cambiar el auto, y no llegar a ningún lado), se mofa de los garúes de la calidad de vida y la comercialización del discurso mediático (alfajores holográficos para niños, deslegitima la empresarización de la constipación femenina, ridiculiza la falsa manipulación mediática) personifica la conchudez, se adentra en la profunda relación del hombre y la mierda, nos asombra con magia sin trucos, canta cualquier género y en cualquier lengua, hasta inventada, como los mismísimos dioses. Se vale del lenguaje visual, publicitario y cinematográfico, dándonos la sensación de que estamos en el cine para ver una película, pero no intenta vendernos nada, sino utilizar ese formato conocido para ridiculizar la cultura del espectáculo masivo al servicio de la publicidad y decirnos otras cosas que no esperamos escuchar. Se trata de un minucioso trabajo experimental sobre el disparate y lo absurdo de la realidad, contra toda soberanía del orden del discurso.
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martes, 20 de enero de 2009
El Onryo: mitología oriental llevada al cine de terror

La adaptación de Tusuruya Namboku de una obra Kabuki basada en un onryo, Yostuya Kaidan, estrenada en 1826, es un ejemplo de eficacia literaria y visual. Fue primero numerosas veces representada, luego se volvió el tema preferido de artistas como Tsukioka Yoshitoshi y Shunkosai Houkuei y, más tarde, fue adaptada para el cine siendo muchas de estas obras destruidas luego de la ocupación de Japón por el ejército de los Aliados tras la Segunda Guerra Mundial. Actualmente se conoce mejor al Onryo por su presencia en el cine de terror oriental. Los onryo son seres fantasmagóricos de la mitología japonesa que escapan al mundo espiritual y vuelven al plano físico con sus largas cabelleras negro azabache, sus pieles blancuzcas violáceas, ataviados en Kimonos blancos de luto, en busca de venganza, que existían previamente como creaciones vigentes en las leyendas orientales. No obstante, es a partir de aquella adaptación de Namboku que cobran cierta notoriedad, construyéndose un símbolo ciertamente original y popular del onryo que pervive y se difunde incluso en la actualidad a través de la filmografía oriental de terror. La imagen saturada de información es reinventada y clasificada por el dramaturgo de otro modo, un acto semiológico que no deja de llamarnos la atención por la repetición de este conjunto de signos que componen la figura del onryo que infunde toda una concepción de la sociedad, la cultura y la naturaleza, maneras de pensar y sentir el amor, la pasión, el dolor, la venganza, la espiritualidad.
El lenguaje de este onryo, que en la obra se llama Oiwa, es paradójico, puesto que quien ejerce la violencia es a la vez una víctima. Oiwa envenenada por su marido quien buscaba casarse con la hija de un magnate, no muere de inmediato como cierto imaginario aséptico de la muerte anhela, que de tan trágica se espera al menos de sí un gesto de pudor. Por el contrario, queda desfigurada por los efectos del veneno: su cabellera se desprende por mechones, cual una inversión de la fábula edípica se le desgarran los ojos sin perder la vista que le devuelve en el espejo su imagen deformada y la máscara mortecina de la traición de su marido. Ante tal revelación encuentra su muerte sin sepulcro. El espíritu atormentado y vengativo, aquél rostro femenino de la culpa, perderá su nombre y perseguirá en todos los rostros de mujer al violador del tabú u a otros, en una cadena sin fin o en su formato actual, hasta que, como en la tragedia, todos aquellos que se vieran involucrados en el infortunio mueran y el crimen haya sido purificado. La sensualidad pavorosa en la que adquiere valor el lenguaje de Oiwa es fundamentalmente visual y repetitiva, cabelleras azabache que emergen húmedas del agua, un rostro mudo y mortecino se superpone al rostro de todas las féminas, se presenta en forma de la humedad de un cuerpo que ha sido arrojado al río sin los debidos decoros, que se anuncia con las formas animalescas de sus movimientos. Todas aquellas imágenes dejan impresiones vivas en sus atormentados a quienes no se les otorga la posibilidad de hablar. Cuanto más callan, más se enfurecen estas criaturas que, por otra parte, no busca la redención en el perdón sino en la muerte de sus asesinos. La demostración de lo sucedido, la visibilidad que adquiere la culpa en aquella figura que no puede escapar a la repetición junto con sus asesinos, es un agregado que, en parte, pretende justificar la violencia del onryo, pero tal cosa no aparece en la obra original. La del Onryo no es una venganza justificada. Para la cultura occidental es necesaria una explicación de tal violencia y, como es común, esta legitimidad suele conseguirse demostrando la inocencia de la víctima, cuestión que manifiesta el lenguaje del que se vale especialmente el cine actual de terror respecto a la mujer que, ambiguamente, deviene en criatura que manipula la culpa de su agresor para asesinar y, por ello, requiere ser víctima inocente y de la culpa misma para existir.
Tal violencia expresada en la obra tuvo en cambio una dimensión política. Namboku se basó en dos asesinatos reales que tuvieron cierta visibilidad pública en su momento. Combinó el asesinato perpetrados por dos sirvientes contra sus amos por el cual fueron ejecutados y la muerte de la concubina de un samurai al develar este último que ella tenía un amorío con un sirviente, los amantes fueron clavados a una tabla de madera y arrojados al río Kanda. Venganza de la plebe contra los amos y de pasión trastocada en una historia moral de engaños y dinero que hizo del Onryo una figura popular oriental y que pervive como marca. La culpa ya no fue más desde entonces el privilegio de los ricos. La presencia repetitiva del Onryo en las fábulas de terror cinematográficas aportan un dato más acerca del maltrato de las mujeres en aquellas sociedades, ya presente este tema en la obra de Namboku, quien es considerado un referente del período Bunsei, tiempo de conflictos sociales y durante el cual la mujer fue fuertemente reprimida. La posición de la mujer en las adaptaciones actuales se ilustra en el hecho de que deban recurrir a una existencia no terrenal para perpetrar sus venganzas y ser víctimas inocentes para verse legitimada su violencia. Pero Oiwa nunca fue la violencia del poder, sino la muestra no viva de sus efectos.
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Cine terror japonés
miércoles, 14 de enero de 2009
Año nuevo, blog renovado
Me atropella el 2009. Vuelo de un solo golpe temporal por los aires de la falta de planificación y balance alguno. Dionisios me embriaga. Entre otras cosas, empiezo a pensar en iniciar otro blog. Me detengo un poco para preguntarme por qué la necesidad de emprender un nuevo proyecto cuando apenas pude sostener Ceterum Censeo los últimos meses. Deleuze anuncia en su Postdata que en el mundo que viene el problema ya no será el del paso de un encierro a otro, de casa a la escuela, de la escuela a la fábrica, el hospital y algún que otro conocía también la cárcel (En realidad Foucault nunca se abocó específicamente al problema del encierro) Pero en fin, Deleuze afirma en ese bello texto que la característica de esta etapa del capitalismo que nos asiste será, y es ya, puesto que se ha instalado, la de la deuda infinita y uno de sus efectos es la imposibilidad de terminar nada. Pienso rápidamente en mi artículo anterior y la verdad es que desde diciembre a esta fecha cambié de opinión, deberíamos hacer una verdadera alharaca cuando finalizamos procesos largos de nuestras vidas, valorar el trabajo y esfuerzo que estuvieron implicados en su consecución. Es posible incluso que pertenezca a las últimas generaciones que estudiaron profesiones liberales durante un promedio de seis años en instituciones públicas. De modo que me propuse darle continuidad a este blog, trabajar en él hasta que se agote, pero renovando sus aires acorde a lo que voy a considerar como un nuevo presente. Dos ideas giran en torno a esta nueva configuración del blog y que exploraré entre otros temas en mis artículos o ensayos. La primera es la de llevar adelante un blog menor, intentar hablar en la lengua de los blogs como un extranjero. No ser un blogger pero intentar llevarlo a sus límites. El otro concepto está ligado al anterior y es el de la extranjería, esta vez no en relación a la blogósfera, sino en virtud de la pequeña polis de la que participo. Mar del Plata es una ciudad poblada durante el año y ocupada temporalmente por extranjeros. La marplatensidad casi no ha soportado dos generaciones sin nutrirse de elementos migratorios. No se es nunca marplatense, carecemos de identidad propia, no somos el señor bajo la sombrilla de colores, ni la joven en bikini tras una ola, ni surfers, ni cineastas, ni intelectuales bohemios y demás clichés para las portadas de los suplementos de verano y esto es un dato interesante de esta ciudad de la que todos sus habitantes reniegan, de un territorio de bandas en el que todos se sienten o son de alguna manera extranjeros. Por esta última razón he decidido escribir sobre esta ciudad que de ser el paraíso veraniego de la elite ha devenido en la peor opción del viajante, la cárcel de sus habitantes, una ciudad que nadie quiere pero que es visitada por muchos argentinos cada verano. Una ciudad que por su origen está condenada a ser un balneario y que ha fracasado en su intento de pensarse distinta.
Estás todos invitados a leer, escribir, comentar, sugerir, discutir, publicar y demás empresas.
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Bienvenida
jueves, 21 de agosto de 2008
Batman “El caballero de la noche”
Las películas de Nolan me dejan la sensación de que es necesario volver a verlas, que queda un resto, que nos hemos perdido de una pista, una línea, una forma fundamental; en síntesis, nos incomodan y no concluyen. Este formato es un tanto extraño para una película de acción de Hollywood, no sólo por cuestiones comerciales harto referidas, sino por lo que culturalmente esto implica, las de Hollywood se me aparecen como fórmulas repetidas según las cuales releemos una trama que ya nos ha sido narrada de la misma manera y que nos produjo un cierto goce, que releemos una y otra vez en cada versión de esa misma historia. Aún admitiendo -como algunos autores afirman- que todas las historias han sido ya contadas, lo que se modifica es la forma en que pensamos esas mismas temáticas que reaparecen una y otra vez. En ese sentido, creo que Nolan actualiza las problemáticas de Batman en función del mundo nuevo al que asistimos.
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Cine
sábado, 28 de junio de 2008
Lo frío y lo cruel
Anotaciones acerca del libro de Gillez Deleuze. Presentación de Sacher Masoch. Lo frío y lo cruel.
Primera nota
El poder es, antes que nada, un multifacético mecanismo de represión, afirma Deleuze. Las formas que adopta lo muestran en su intimidad más profunda, aquella que, justamente porque lo exhibe, lo vuelve obvio, se mantiene secreta, reprimida, negada. De allí se desprende que eso que no habla, es la violencia misma.
En algún momento de nuestra historia, ciertos aspectos de la sexualidad fueron sometidos al silencio. La sexualidad no era lo que no hablaba, la violencia, sino aquello de lo que no se hablaba, objeto del silencio.
Primera nota
El poder es, antes que nada, un multifacético mecanismo de represión, afirma Deleuze. Las formas que adopta lo muestran en su intimidad más profunda, aquella que, justamente porque lo exhibe, lo vuelve obvio, se mantiene secreta, reprimida, negada. De allí se desprende que eso que no habla, es la violencia misma.
En algún momento de nuestra historia, ciertos aspectos de la sexualidad fueron sometidos al silencio. La sexualidad no era lo que no hablaba, la violencia, sino aquello de lo que no se hablaba, objeto del silencio.
viernes, 2 de mayo de 2008
Centralismo y federalismo y el debate en torno a los límites del poder
Ezequiel Gallo presenta el debate en torno a la federalización de Buenos Aires como parte de la reflexión que realiza la elite intelectual y política de la época acerca de los límites del poder. El marco en el que se inscriben estas ideas políticas es el que ha sido caracterizado como proceso de consolidación del Estado Nacional y configuración de un orden político legítimo.
Aceptando el principio liberal de gobierno limitado; Alem, Alberdi, Hernández y Tejedor, entre otros, discuten las maneras posibles de distribuir y limitar al poder nacional con el objetivo de evitar la centralización o descentralización excesiva del mismo, así como las extralimitaciones de quienes lo detentan.
Aceptando el principio liberal de gobierno limitado; Alem, Alberdi, Hernández y Tejedor, entre otros, discuten las maneras posibles de distribuir y limitar al poder nacional con el objetivo de evitar la centralización o descentralización excesiva del mismo, así como las extralimitaciones de quienes lo detentan.
martes, 25 de marzo de 2008
Poder desaparecedor
Con motivo del 32º aniversario del golpe de estado más cruento y terrorífico de la historia argentina, me ha parecido pertinente recomendar la lectura de un trabajo original sobre la anatomía del poder militar en la Argentina, el polémico estudio de Pilar Calveiro, Poder y desaparición, en el que se analiza las particularidades del poder desaparecedor a partir de su expresión concentracionaria: los campos de concentración-exterminio argentinos.
Calveiro enmarca su ensayo con una reflexión sobre la relación de las fuerzas armadas y el poder en nuestro país, relación que caracteriza como de una cercanía que a partir de un proceso complejo le otorgó a las fuerzas armadas peso político propio y una autonomía relativamente creciente. Esta caracterización está ligada a la perdida de capacidad de los grupos económicamente poderosos de controlar el sistema partidario para ganar las elecciones, en tanto, las fuerzas armadas y especialmente el ejército, según Calveiro, se constituyeron en el medio para acceder al gobierno a través de las asonadas militares. Así, se convirtieron en receptáculos de los ensayos de las distintas facciones del poder por recuperar cierto consenso pero, sobre todo, para mantener un dominio. De esta forma, Pilar Calveiro desarrolla como las Fuerzas Armadas se fueron constituyendo progresivamente en el núcleo duro y homogéneo del sistema, con capacidades no solo de manutención de un orden y un dominio, sino también de representación y negociación con los sectores decisivos del gobierno, fenómeno que ha sido desarrollado en profundidad por autores como Alain Roquié y Robert Potash y conceptualizado por otros y estos mismos autores como de politización de las Fuerzas armadas y militarización de la política. Pilar Calveiro va más allá al plantear que la limitación que representaba para los sectores poderosos su falta de consenso se disimulaba ante el poder disuasivo y represivo de las armas; el alma del poder político se asentaba en el poder militar. Este rasgo es de suma importancia para la autora en el marco de la no consolidación de alianzas estables y la crisis del sistema de partidos, frente a una sociedad compleja y fragmentada. Dicha atomización política y económica de la sociedad era compensada, en alguna medida, por la unidad disciplinaria del aparato armado y su imposición sobre la sociedad. La espiritualidad armada ingresaba allí donde fallaba el control material. Por otro lado, el proceso conjunto de autonomía relativa y acumulación de poder crecientes las llevó a asumir con bastante nitidez el papel mismo del Estado, de su preservación y reproducción, como núcleo de las instituciones políticas, en el marco de una sociedad cuyos partidos eran incapaces de diseñar una propuesta hegemónica.
Calveiro enmarca su ensayo con una reflexión sobre la relación de las fuerzas armadas y el poder en nuestro país, relación que caracteriza como de una cercanía que a partir de un proceso complejo le otorgó a las fuerzas armadas peso político propio y una autonomía relativamente creciente. Esta caracterización está ligada a la perdida de capacidad de los grupos económicamente poderosos de controlar el sistema partidario para ganar las elecciones, en tanto, las fuerzas armadas y especialmente el ejército, según Calveiro, se constituyeron en el medio para acceder al gobierno a través de las asonadas militares. Así, se convirtieron en receptáculos de los ensayos de las distintas facciones del poder por recuperar cierto consenso pero, sobre todo, para mantener un dominio. De esta forma, Pilar Calveiro desarrolla como las Fuerzas Armadas se fueron constituyendo progresivamente en el núcleo duro y homogéneo del sistema, con capacidades no solo de manutención de un orden y un dominio, sino también de representación y negociación con los sectores decisivos del gobierno, fenómeno que ha sido desarrollado en profundidad por autores como Alain Roquié y Robert Potash y conceptualizado por otros y estos mismos autores como de politización de las Fuerzas armadas y militarización de la política. Pilar Calveiro va más allá al plantear que la limitación que representaba para los sectores poderosos su falta de consenso se disimulaba ante el poder disuasivo y represivo de las armas; el alma del poder político se asentaba en el poder militar. Este rasgo es de suma importancia para la autora en el marco de la no consolidación de alianzas estables y la crisis del sistema de partidos, frente a una sociedad compleja y fragmentada. Dicha atomización política y económica de la sociedad era compensada, en alguna medida, por la unidad disciplinaria del aparato armado y su imposición sobre la sociedad. La espiritualidad armada ingresaba allí donde fallaba el control material. Por otro lado, el proceso conjunto de autonomía relativa y acumulación de poder crecientes las llevó a asumir con bastante nitidez el papel mismo del Estado, de su preservación y reproducción, como núcleo de las instituciones políticas, en el marco de una sociedad cuyos partidos eran incapaces de diseñar una propuesta hegemónica.
sábado, 8 de marzo de 2008
El infierno prometido (Elsa Drucaroff)
En el día de la mujer, quería rescatar la entrevista que realicé a Elsa Drucaroff, una gran mujer que me enseñó a mirar ciertos aspectos de la realidad política de las mujeres desde una perspectiva reparadora y a través de un discurso de resistencia.
El infierno prometido y la construcción de un discurso de resistencia
En diversas miradas sobre la Argentina y su pasado, los discursos se adhieren, reproducen abnegados, demuestran talentos y saberes, debaten o explican, y así se desarrolla la marcha tortuosa y a menudo contradictoria del pensamiento. En algunas ocasiones se cuestiona cierta fidelidad de la memoria a una herencia. Al respecto, existe una bella disonancia entre los relatos históricos que tienden a recuperar procesos totales y la novela histórica. Es posible imaginarse que esta última al igual que “la historia” no está exenta de la tenaz industriocidad que requiere la exploración retrospectiva de un tema y un período, formando parte también del esfuerzo colectivo y constructivo de la memoria. Tampoco es ajena a las creaciones de mitos, como a las versiones menos frecuentemente ofrecidas que sacuden los recuerdos favorecidos por la continuidad o el silencio, rememoraciones parciales que dejan larvados acontecimientos valiosos del pasado.
El infierno prometido y la construcción de un discurso de resistencia
En diversas miradas sobre la Argentina y su pasado, los discursos se adhieren, reproducen abnegados, demuestran talentos y saberes, debaten o explican, y así se desarrolla la marcha tortuosa y a menudo contradictoria del pensamiento. En algunas ocasiones se cuestiona cierta fidelidad de la memoria a una herencia. Al respecto, existe una bella disonancia entre los relatos históricos que tienden a recuperar procesos totales y la novela histórica. Es posible imaginarse que esta última al igual que “la historia” no está exenta de la tenaz industriocidad que requiere la exploración retrospectiva de un tema y un período, formando parte también del esfuerzo colectivo y constructivo de la memoria. Tampoco es ajena a las creaciones de mitos, como a las versiones menos frecuentemente ofrecidas que sacuden los recuerdos favorecidos por la continuidad o el silencio, rememoraciones parciales que dejan larvados acontecimientos valiosos del pasado.
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martes, 4 de marzo de 2008
The Police en River Diciembre 2007
Pasó el fin de año. Diciembre, especialmente, es fácil de musicalizar. Alcanza con habernos sumergido en la obra de The Police. La tarea de llegar a un recital de estas magnitudes, aún en el marco de un año plagado de megarecitales por estación, está fuera de toda finalidad monótona. Los caminos a los estadios como River Plate están garabateados, son sinuosos, pero lo que se encuentra en el montaje artístico dispuesto para el espectáculo es un caudal de emociones, ansiedad, recuerdos, de unas sesenta mil personas, agrupadas en diversas escenas, que se hallan allí listas para un evento que no pasaría desapercibido, por la larga ausencia de esta banda en el escenario, porque es percibido por tener todo para hacer historia en el rock, mientras no supone la expresión de una nueva obra artística.
lunes, 25 de febrero de 2008
En memoria
Hoy hacen ya dos años de la muerte de mi vieja. Se despidió de la vida del modo que le era más propio, velando por su familia y con voluntad . Quiero recordarla aquí no con sentido trágico, ni heroico, sino como un ejercicio de memoria, en tanto recuperación de sentido, en cuanto el olvido sistemático es la locura. De esta manera creo que se actualiza el presente y nos da la posibilidad de volver a vivir.
Durante nueve años de su enfermedad mi familia vivió con la certeza de la muerte, de su inminencia, de su sentido trágico, es decir, con la imposibilidad de revertir ese proceso. Mi madre sabía que iba a morir de un momento a otro. Unos meses, como máximo un año, era el promedio de vida de la ELA (esclerosis lateral amiotrófica), así lo dictaminó el diagnóstico. En un mundo en el que los hombres silencian la muerte y excluyen a los considerados "nuevos inútiles", su condición cuadripléjica, la exhibición de la cercanía a la muerte, la necesidad de hablar sobre ello y el tener que seguir adelante con el dolor, causaba horror, alejamiento, angustia y diversas forma de negación; incluso a veces para quienes la acompañábamos, hasta que comenzamos a convivir con esas contradicciones y a comprender lo difícil que era para otros. Ante el despliegue de esa ilusión absoluta, mi vieja lucho por su vida, en la medida que creo que logró comprender que, como dice Primo Levi en Si esto es un hombre, la felicidad perfecta no es posible pero también, en su consideración opuesta, lo mismo ocurre con la infelicidad perfecta. Los momentos que se oponen a la realización de uno u otro estado limite son de la misma naturaleza: se derivan de nuestra condición humana (...) Se opone a ello nuestro eternamente insuficiente conocimiento del futuro; y eso se llama en un caso esperanza y en el otro, incertidumbre del mañana. Se opone a ello la seguridad de la muerte, que pone límite a cualquier gozo, pero también a cualquier dolor. Mi vieja, a pesar de su estado, no se entregó a ese fundamento tanático por el cual no podría haber felicidad y vida en la enfermedad, es decir, luchó por preservar la dignidad de su vida, a pesar de que las miradas ajenas no pudieran considerarla como tal en condición de invalidez. Creyó en la posibilidad de algún adelanto científico que pudiera revertir su enfermedad o al menos le permitiera sobrellevarla, pero específicamente, se esforzó en vivirla aún bajo esas condiciones limitantes. En sí, se propuso transitar con dignidad a la muerte, cosa que no todos los hombres pueden hacer.Tal es así, que durante los primeros siete años organizó la comida y limpieza de la casa junto a Felisa y Mabel, a quienes le estoy eternamente agradecida por su amor. Administraba el dinero de las compras de lo que hacía falta y ahorraba para cada uno de sus hijos una parte. Organizaba sus cuidados de sí en connivencia con nosotros, por ejemplo, sus baños y distintos dispositivos para las duchas, que le permitían poder disfrutar del agua golpeando su cuerpo, sin resignarse al sistema de esponjas y baños en la cama. Dispuso una serie de almohadones para estar cómoda en su sillón o en la cama, gracias a lo cual sólo el último año se mantuvo en cama y se hirió su piel. Se ponía cremas antiarrugas, se teñía el pelo, elegía su ropa y cosméticos a través de una señorita que le vendía e incluso compraba alguna para Evelina y para mi. Organizó su propia dieta, a base de alimentos que no fuera necesario masticar, para evitar el peligro de ahogo y que contuvieran los nutrientes necesarios. Cada tanto comía dulces que le gustaban o festejábamos un cumpleaños con su adorado champán. Arreglaba los horarios de su medicación y controlaba las dosis. Conversábamos por la tarde y en su gran cantidad de tiempo dispuesto al ocio, miraba televisión y pensaba sobre todo lo que acontecía a su alrededor y en el mundo que veía a través de la pantalla, que escuchaba en la radio y que le contaban. Le gustaban los programas de cocina, manualidades (ella antes cocía) y mirar películas. Nos sorprendía que a veces supiera de noticias o de una oferta en una tienda antes que nosotros. Diseñó todo un sistema para hacerse entender, puesto que tenía una atrofia en el habla, por lo cual sólo quienes pasaban tiempo junto a ella podían comprenderle. Buscó reducir al máximo su dependencia para poder decidir aquello que podía acerca de su vida. Decidió sobre sus tratamientos, algunos de ellos experimentales, incluso sobre sus relaciones personales, aconsejó a sus hijos, nos retó y festejó logros, discutió sobre su condición con la familia y nos exigió deberes, pensó en el suicidio pero también en cómo seguir viviendo. Decidió, a pesar de los pronósticos de los médicos, incluso, el momento de su muerte. Los meses, ese año, se volvieron nueve años, durante los cuales como se ve, no solo hubo dolor.
Durante nueve años de su enfermedad mi familia vivió con la certeza de la muerte, de su inminencia, de su sentido trágico, es decir, con la imposibilidad de revertir ese proceso. Mi madre sabía que iba a morir de un momento a otro. Unos meses, como máximo un año, era el promedio de vida de la ELA (esclerosis lateral amiotrófica), así lo dictaminó el diagnóstico. En un mundo en el que los hombres silencian la muerte y excluyen a los considerados "nuevos inútiles", su condición cuadripléjica, la exhibición de la cercanía a la muerte, la necesidad de hablar sobre ello y el tener que seguir adelante con el dolor, causaba horror, alejamiento, angustia y diversas forma de negación; incluso a veces para quienes la acompañábamos, hasta que comenzamos a convivir con esas contradicciones y a comprender lo difícil que era para otros. Ante el despliegue de esa ilusión absoluta, mi vieja lucho por su vida, en la medida que creo que logró comprender que, como dice Primo Levi en Si esto es un hombre, la felicidad perfecta no es posible pero también, en su consideración opuesta, lo mismo ocurre con la infelicidad perfecta. Los momentos que se oponen a la realización de uno u otro estado limite son de la misma naturaleza: se derivan de nuestra condición humana (...) Se opone a ello nuestro eternamente insuficiente conocimiento del futuro; y eso se llama en un caso esperanza y en el otro, incertidumbre del mañana. Se opone a ello la seguridad de la muerte, que pone límite a cualquier gozo, pero también a cualquier dolor. Mi vieja, a pesar de su estado, no se entregó a ese fundamento tanático por el cual no podría haber felicidad y vida en la enfermedad, es decir, luchó por preservar la dignidad de su vida, a pesar de que las miradas ajenas no pudieran considerarla como tal en condición de invalidez. Creyó en la posibilidad de algún adelanto científico que pudiera revertir su enfermedad o al menos le permitiera sobrellevarla, pero específicamente, se esforzó en vivirla aún bajo esas condiciones limitantes. En sí, se propuso transitar con dignidad a la muerte, cosa que no todos los hombres pueden hacer.Tal es así, que durante los primeros siete años organizó la comida y limpieza de la casa junto a Felisa y Mabel, a quienes le estoy eternamente agradecida por su amor. Administraba el dinero de las compras de lo que hacía falta y ahorraba para cada uno de sus hijos una parte. Organizaba sus cuidados de sí en connivencia con nosotros, por ejemplo, sus baños y distintos dispositivos para las duchas, que le permitían poder disfrutar del agua golpeando su cuerpo, sin resignarse al sistema de esponjas y baños en la cama. Dispuso una serie de almohadones para estar cómoda en su sillón o en la cama, gracias a lo cual sólo el último año se mantuvo en cama y se hirió su piel. Se ponía cremas antiarrugas, se teñía el pelo, elegía su ropa y cosméticos a través de una señorita que le vendía e incluso compraba alguna para Evelina y para mi. Organizó su propia dieta, a base de alimentos que no fuera necesario masticar, para evitar el peligro de ahogo y que contuvieran los nutrientes necesarios. Cada tanto comía dulces que le gustaban o festejábamos un cumpleaños con su adorado champán. Arreglaba los horarios de su medicación y controlaba las dosis. Conversábamos por la tarde y en su gran cantidad de tiempo dispuesto al ocio, miraba televisión y pensaba sobre todo lo que acontecía a su alrededor y en el mundo que veía a través de la pantalla, que escuchaba en la radio y que le contaban. Le gustaban los programas de cocina, manualidades (ella antes cocía) y mirar películas. Nos sorprendía que a veces supiera de noticias o de una oferta en una tienda antes que nosotros. Diseñó todo un sistema para hacerse entender, puesto que tenía una atrofia en el habla, por lo cual sólo quienes pasaban tiempo junto a ella podían comprenderle. Buscó reducir al máximo su dependencia para poder decidir aquello que podía acerca de su vida. Decidió sobre sus tratamientos, algunos de ellos experimentales, incluso sobre sus relaciones personales, aconsejó a sus hijos, nos retó y festejó logros, discutió sobre su condición con la familia y nos exigió deberes, pensó en el suicidio pero también en cómo seguir viviendo. Decidió, a pesar de los pronósticos de los médicos, incluso, el momento de su muerte. Los meses, ese año, se volvieron nueve años, durante los cuales como se ve, no solo hubo dolor.
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Ensayos
jueves, 24 de enero de 2008
Notas sobre un sueño
Nadie creeía que estábamos soñando
A mis pies yacía un lago, era un charco profundo, en él se reflejaba la burla de un globo aerostático cuya sombra se esparcía a la velocidad del miedo.En la otra orilla, una corte de reinas buscaba un culpable al universo. Y un exceso de causas sobrevolaba las nubes. Para mi eran de la familia de las casualidades.Pero los topos se esmeraban en ver lógica en su vuelo.
Todo se me aparecía felizmente ridículo. Imposible soportar el éxodo de la osamenta de un sistema de producir hombres como una verdad que no fuera la invención de un puñado de locos.
La mayoría de los bufones estaban convencidos de que era inútil intentar otra cosa entre tanto exceso.
Nadie creeía que estábamos soñando
A mis pies yacía un lago, era un charco profundo, en él se reflejaba la burla de un globo aerostático cuya sombra se esparcía a la velocidad del miedo.En la otra orilla, una corte de reinas buscaba un culpable al universo. Y un exceso de causas sobrevolaba las nubes. Para mi eran de la familia de las casualidades.Pero los topos se esmeraban en ver lógica en su vuelo.
Todo se me aparecía felizmente ridículo. Imposible soportar el éxodo de la osamenta de un sistema de producir hombres como una verdad que no fuera la invención de un puñado de locos.
La mayoría de los bufones estaban convencidos de que era inútil intentar otra cosa entre tanto exceso.
Nadie creeía que estábamos soñando
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Poesía
miércoles, 19 de diciembre de 2007
Servicio de tutorías pagas
Hace tiempo que no escribo, es una mala costumbre. Estoy trabajando en algo que me ocupa bastante tiempo, más mezquino, con poco valor monetario, pero aún más devaluado intelectual y socialmente: la docencia. Pero no cualquier tipo de docencia, sino la de profesor particular. Debo confesar que es un trabajo imposible, de una intensidad de aparente sin sentido más que el acopio de datos, reducidos hasta la infinitesimal síntesis explicativa, que haga posible algún tipo de aprendizaje que sirva para la aprobación. No caben las preguntas existenciales, ni otros sentidos más elevados, mucho menos uno puede aspirar a plantearse objetivos que no tengan que ver con la materia que se enseña, aunque valoro la instrucción de estrategias para sobrevivir, a los padres perseguidores, a la Iglesia, a los docentes e instituciones en general. Esto, dado el caso, es muchísimo. Para mi es gratificante en la medida que me obsesiona combatir el espíritu de la pesadez. Quizás aparentemente este testimonio es menos valioso porque nunca estuve frente a un grupo y puede ser, sin embargo, profundicé con cada uno sus problemáticas, personales y con la historia; experiencia que tienen los docentes a cargo de un curso solo en excepciones.
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Devaneos
domingo, 18 de noviembre de 2007
El mito y el eterno retorno
Hace un tiempo escribí en este blog un artículo acerca de los intelectuales (presente aún en la categoría de ensayos), asimismo en el último número de Prometheus Mdq pubicamos una nota al respecto (pmdq.com.ar). Unas semanas atrás me encuentro con una nota editorial de Marcelo Moreno, en el diario Clarín, titulada Intelectuales, latinos y cool. En ella se plantea que “Cada vez son más y el modelo parece reproducirse entre los jóvenes. Son los intelectuales latinoamericanos cool, género que suele emerger con un título bajo del brazo de una universidad de la región y que no tarda en aderezarse con un posgrado del Primer Mundo.” Universitarios, muchos de ellos profesionales, este “género” (especie de concepto racista remodernizado) se define por su “actitud”, que consiste en sus hábitos culturales postmodernos e internacionalistas. En palabras resentidas del autor “ellos se entrenan en ignorar las abyecciones de éstas sus tierras, adoptando una postura posmoderna de ciudadanos del mundo” y sigue “Porque el intelectual latinoamericano cool es un habitante del universo global, experto en las últimas tecnologías, conocedor a fondo de las modas y tendencias que reinan en los países centrales, ocurran en el campo del pensamiento, el diseño o la gastronomía. Y su cultura es ecuménica: puede ser versado en budismo zen, en la cinematografía nazi o arte polinesio. Le encanta -y se precia de ello- resultar indistinguible de un danés o un canadiense” Y como si esto fuera poco, profundiza en su moralina “Pero en lo que resulta un auténtico experto es en permanecer indiferente respecto de lo que ocurre en sus tierras. Snob, hedonista, individualista, la política le resulta una materia sucia y antigua. Por lo cual su país puede estar en manos del narcotráfico, la mafia o la corrupción más letal pero mientras a él el sistema le garantice la preservación de sus libertades, permanecerá impasible, extranjero a cualquier emoción” ¿A dónde quiere llegar Marcelo Moreno? “A que Este tipo de ejemplar (¡!) es lo opuesto al intelectual de izquierda de los años 60 o 70. En vez del compromiso, lo suyo pasa por mirar hacia otro lado. Y en eso resultan más dóciles a cualquier poder que los intelectuales de derecha del pasado, que al menos se entrometían en pensar la realidad.”
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martes, 13 de noviembre de 2007
Alegrías
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