lunes, 2 de agosto de 2010

PUAM- 2009. “Historia argentina y medios de comunicación” Primera Clase: La construcción de la opinión pública.


Quisiera introducir el relato más estrictamente histórico acerca de la construcción de la opinión pública en la Argentina decimonónica, con el artículo de Tomás Abraham “La construcción de una contraopinión” publicado en la compilación de artículos de su autoría en el libro El Presente Absoluto. La elección de este punto de partida responde a dos intereses: por un lado, Tomás Abraham realiza allí una breve genealogía del valor de la opinión en la historia occidental hasta nuestros días. Por otro lado, para que a partir de ello podamos pensar qué tienen en común y de distinto las manifestaciones de la opinión pública en el período de construcción del Estado Nacional argentino con nuestra actualidad. Especialmente, me interesaba que pensáramos entonces de qué manera se habría constituido y qué valor habría adquirido en la Argentina un espacio particular, casi inédito, que hizo posible el “entre”, la multiplicación de opiniones, espacios de sociabilidad y la diversificación de la prensa. Me refiero al espacio público y la llamada sociedad civil y sus redes, que no aparece como un capítulo importante en nuestra historia. Múltiples actores, voces y saberes que, a pesar de que este período de nuestra historia está teñido por los colores brillantes y vetustos de los próceres, las corporaciones y las instituciones consagradas, parece haber tenido algo de grisáceo esplendor sin siquiera ser percibido. Algo de lo que somos efectivamente lo condenó al olvido.
Una de las especificidades de nuestra actualidad es el fin de los grandes relatos y su consecuencia, la emergencia de los saberes fragmentados. A partir de lo cual asistimos a un nuevo régimen de temporalidad y por ende de historicidad. Nuestro presente, a diferencia del presente de los de los filósofos del liberalismo, los enciclopedistas, los ilustrados de la modernidad y la opinión pública, tiene una particularidad: es absoluto. No lo podemos conocer en su totalidad. La dinámica de los tiempos, la velocidad en la que viaja la información, la multiplicación de hombres que producen ideas e información, impone saberes fragmentados, discontinuos, locales y específicos. Y en consecuencia allí tenemos ante nosotros un problema derivado de la reconstrucción de las historias universales, totales o lo que se ha llamado los grandes relatos, que nos obliga a elegir la información, supone vivir con la imprevisivilidad de la historia y preguntarnos ¿Qué es lo que hay que elegir? ¿Por dónde comenzar? ¿Cómo periodizar, recortar, seleccionar? A la vez, afirma Tomás Abraham, este estado de cosas impide la pretensión de arrogarse un saber total, pues es temporalmente imposible. Ya no puede existir, y no deberíamos reclamarlo. La crisis de los grandes relatos ha liberado a muchos saberes, conocimientos, pequeñas verdades, acontecimientos, testimonios, de los anillos conceptuales de las grandes explicaciones.
En relación a lo anterior, la segunda característica que Abraham le atribuye a nuestro presente es la reaparición de un conocimiento que los griegos llamaron Estocástico. Se trata de un conocimiento conjetural, que cambia y muta con facilidad, afectado por el azar, lo contingente, la probabilidad. Su nuevo agente es el intelectual específico. Su exterioridad es la democratización de la opinión.
La imparcialidad, prima cercana de la opinión, heredada de los antiguos, para Hanah Arendt, era considerada por Tucídides el tipo de objetividad más alto que se conocía, en tanto dejaba atrás el interés común que será propio de las historias nacionales y la concepción belicista de la historia. Los griegos fueron quienes descubrieron el perspectivismo para Arendt: que el mundo se observa siempre desde un infinito número de posiciones diferentes, a las que corresponden los más diversos puntos de vista. Esta idea supone que los griegos aprendieron no a comprenderse a sí mismos, al hombre, sino a mirar al mundo desde la posición del otro. No hay un hombre individual, como totalidad, ni realización personal, sino diversas voces en diálogo mediadas por el interés y lo que está en medio es la trama de acciones en la que nos insertamos, el mundo. Esta valoración de la imparcialidad no sobrevivirá ni a Platón ni al cristianismo. Platón desvalorizaba la opinión por su carácter cambiante, estratégico y por estar guiada por las apariencias. La oponía al conocimiento, que era sólido, trascendental y por tanto perdurable, que daba cuenta de lo real.
De modo que desde entonces se plantea una distinción que llega hasta nuestros días:

opinión/ conocimiento
engaño-la apariencia/ verdad-lo real
caducidad/ perdurabilidad
Banal /trascendente
Quienes practicaban la opinión como estrategia persuasiva, para convencer a sus interlocutores, eran justamente los sofistas, quienes se entrenaban en el arte de tener razón.
Por su parte, el cristianismo, en la medida en que al consagrar al hombre como el ser supremo sobre la tierra, poniendo énfasis en la importancia del interés personal como homólogo de la salvación individual, deja sin efecto a la objetividad practicada por Tucídides como fundamento en la vida política. La consecuencia de esta operación fue que la objetividad perdiera su validación por la experiencia y se desvinculara de la vida real, que el objeto del desinterés fuera la política, desinterés en tanto virtud religiosa y moral y en cuanto el objeto de comprensión no será desde entonces el mundo, sino el hombre.
Si bien durante el siglo XIX se produjo un reencuentro entre historia y naturaleza, la disciplina histórica se entendió mal a sí misma, afirma Arendt, al someterse a las normas de los naturalistas que las ciencias modernas habían comenzado a liquidar. A través de la historia, y asociada a ella, pervivía una idea de objetividad según la cual el historiador creía que la historia era un fenómeno aprensible como un todo mediante la contemplación, que una providencia divina la conducía la salvación de la humanidad y que sus comienzos y sus fines se conocían siendo susceptibles a ser contemplados también como un todo. Es decir, negó la imparcialidad, divorciándose de los conceptos propios de la nueva conciencia histórica de la modernidad. Entre tanto, Spinoza consideraba a la opinión como superstición (un dios malicioso) y Decartes indicaba que era ya imposible creer en nuestros sentidos (el cuerpo era tramposo). Será especialmente la ilustración quien revalorice la opinión, a partir de que esta adquiera la cualidad de ser pública. La famosa opinión pública es posible entonces gracias a la distinción de una esfera pública y una privada. La opinión dejará de ser un conocimiento falso y se multiplica en variados espacios, salones literarios, folletos, cafés, gacetas, teatros, etc. quedando aún atrapada, según Rousseau, en el mundo de la vanidad, de las apariencias y poses sociales. Durante el siglo XIX el marxismo y la sociología impondrán la ideología por sobre este otro tipo de saber.
En la actualidad, la revalorización de la opinión está vinculada a una nueva formación cultural, y especialmente a la aparición de una técnica, la técnica de Marketing, al estudio de nuestras opiniones, preferencias, gustos, a partir de la que se extraen datos, cuantificándolos y cualificándolos, por medio de encuestas e incluso gracias a los medios de comunicación. Esta nueva modalidad de opinión pública tiene como particularidad entonces no estar dirigida especialmente al ciudadano, sino a un nuevo sujeto social: el consumidor. Su efecto, la democratización de la opinión, diluye la jerarquía entre el que sabe y el que opina. El periodismo, vuelto en labor plebeya del mundo de la información, opera como reaseguro del sentido común, de lo que ya se sabe, de las convicciones y los prejuicios. Los medios de comunicación, en tanto empresas, se ven afectados por los empresarios, avisadores y consumidores más decisivamente. A la vez, la producción de la noticia construye el acontecimiento y un cronograma de intereses, siendo la novedad el móvil de una máquina de olvidos. Ante esta nueva realidad, es que Tomás Abraham propone la contraopinión, una palabra de oposición que abra nuevos espacios de pensamiento, que nos ubica en un lugar no de mera recepción, sino activo, de construcción de un pensamiento activo que crea intersticios, fisuras, por los que fluye.
Ahora bien, Buenos Aires es actualmente la ciudad con más periódicos en el mundo y fue allí el foco principal de la construcción de la denominada vida pública, a partir de lo que Tulio Halperín Dongui caracterizó como un “renacimiento del liberalismo” luego de la caída de Rosas. Toma la forma de un florecimiento de redes sociales diversas a partir de agrupaciones de ayuda mutua, clubes sociales, culturales, deportivos, logias masónicas, asociaciones de los primeros inmigrantes que comienzan a arribar al país, sociedades profesionales, agrupaciones festivas, carnavalescas, organizadas para coordinar eventos.


La diferencia con otras formas asociativas de la colonia, era que su ingreso no era por costumbre y tradición, sino por propia voluntad de los individuos reunidos para llevar adelante un objetivo, que se inscribían ya en los principios de la igualdad y la libertad de la modernidad. En parte esta explosión del asociacionismo, de la libre expresión y la libertad de prensa (el actor que más nos interesa a nosotros) estuvieron ligadas a una necesidad de reafirmar el triunfo sobre el rosismo. Pensemos que la oposición a Rosas le habría cuestionado el uso del terror, la excesiva centralización del poder arbitrario en su persona, la persecución a la disidencia, la escasa posibilidad de organizarse y sociabilizar de la población, la censura a la prensa, etc…este régimen que nacía de la derrota de aquél no podía menos que diferenciarse cumpliendo las promesas que lo habían llevado al poder y celebrando la libertad de su razón más elevada. Y efectivamente, los gobiernos sucesivos de la provincia de Buenos Aires, desde Mitre hasta algunos autonomistas, estimularon esta expansión de la sociedad civil. Aunque el ímpetu más importante fue de la propia gente que comenzó a organizarse.
El espacio público va a aparecer primero ligado a la asociación. La posibilidad de los hombres de desarrollar su capacidad de asociarse por objetivos comunes en igualdad va a adquirir un valor y una medida de civilidad, una marca de civilización. Decía el presidente de la Sociedad Tipográfica Bonaerense en 1862, “La asociación es la idea que marcha a la vanguardia de la civilización universal”, era una condición del progreso y de el cumplimiento de la promesa de igualdad de los hombres, la realización de su libertad a través de la razón, el ingreso al orden y a la modernidad del mundo occidental.
Y a la vez, si tuviéramos que imaginarnos a la ciudad de Buenos Aires, veríamos que es una ciudad de conflictos y tensiones entre lo viejo y lo nuevo, y por ello fundamentalmente el panorama es de una dinámica de profundo cambio, especialmente en la estructura social: vemos que el desarrollo económico va estar vinculado a la llegada de los inmigrantes varones (italianos, españoles, alemanes e ingleses) y migrantes internos de otras provincias que se sumaban a las actividades productivas de la ciudad ligadas al comercio, los servicios, los trasportes, aparecen los cuentapropistas, pequeños propietarios, la clase asalariada, etc..que darán lugar a las asociaciones de inmigrantes, comerciales y de trabajadores.
Por otro lado, también la élite económica social, cada vez más enriquecida con el comercio exterior, la ganadería de exportación y las finanzas, compartiría sus espacios de sociabilidad cada vez más con los ilustrados, los dirigentes políticos, los artistas e intelectuales jóvenes. Estas redes de sociabilidad de la élite se constituirán como vías para el ascenso social o la descalificación pública.
Entonces en ese contexto el asociativismo era una suerte de red social que permitía a buena parte de la población: unirse para satisfacer las necesidades surgidas de las nuevas relaciones económico sociales (conseguir trabajo, ayudar a viajar a familiares, conseguir viviendas, hacer circular información, ayudar a quienes estaban más desprotegidos, especialmente los extranjeros); construir lazos de pertenencia, especialmente para los extranjeros que carecían de vínculos primarios; representar y defender intereses sectoriales y desarrollar actividades recreativas, culturales y educativas. Las más importantes fueron las sociedades de ayuda mutua. Y su objetivo central era reunir fondos para crear mecanismos de asistencia en materia de salud, enfermedad, desempleo, invalidez, ahorro y apoyo educativo. Hay que tomar en cuenta que ese mundo anterior a 1950 no había conocido el Estado de Bienestar (casi no había un Estado consolidado a fines del siglo XIX) o las políticas sociales del liberalismo aún, de modo que la desprotección y vulneración de los sectores que nacían del desarrollo económico (los nuevos migrantes del campo a las ciudades, inmigrantes, desocupados, enfermos ante la proliferación de epidemias por la cada vez mayor urbanización y el deterioro de las condiciones de vida por el tipo de trabajos de las ciudades y las formas de vida) se paleaba a través de formas asociativas espontáneas para ofrecerse ayuda y asistencia.

Hubo asociaciones de tres tipos:
Las asociaciones de ayuda mutua de inmigrantes (los primeros fueron los franceses, allá por 1854) destinadas a la asistencia entre ellos, a la construcción de la propia colectividad, la dirigencia establecía vínculos con otras colectividades y también con las élites políticas, periodistas e intelectuales (sobre todo los italianos tuvieron gran interés de integrarse a la política local). Un personaje con el que la colectividad italiana tenía mucha afinidad fue Mitre, era invitado, orador de celebraciones, miembro honorario, e incluso tuvo apoyo de sus hombres en los levantamientos de 1874 contra la elección que denunciaban fraudulenta de Nicolás avellaneda.
Asociaciones por oficio que son consideradas los antecedentes de los sindicatos, que a los objetivos de protección más generales, se sumaban los de defensa corporativa del oficio. Pero no participaban de ellas solo trabajadores, sino también cuentapropistas, los empleadores, empresario, esto las distingue de los sindicatos o gremios como los que surgirán más adelante. También los primeros fueron los franceses peluqueros, luego zapateros, costureros, tipográficos, panaderos, etc. algunas empezaron a tener sus propios folletines o publicaciones en las que escribían o editaba incluso personajes de la élite también.
Los tipográficos fueron los primeros en protagonizar una huelga.
El mutualismo de la comunidad negra compuesta por descendientes de esclavos africanos introducidos en el río de la plata, además de prestarse ayuda, practicaban su religión, bailes y fiestas.
Otras formas adoptaron la masonería, círculos literarios y musicales, clubes, asociaciones profesionales como la asociación médica y asociaciones organizadas para celebrar los carnavales.
La expansión de la prensa también fue más rápida en buenos aires que en el resto del país. En 1852 se publicaron 30 periódicos nuevos, algunos que fueron prestigiosos y permanentes como El Nacional o Los Debates o La Nación Argentina más tarde. Hacia 1880 se publicaba un ejemplar cada cuatro habitantes, es una cifra sorprendente. Nos habla de que el público lector tenía que ser bastante amplio para consumir esa cantidad de periódicos y también habla de una progresiva mejora de los niveles de alfabetización. Es decir, crecía un público lector potencial, pero para ello, la prensa tendría que dejar de ser una prensa representante dependiente del financiamiento de facciones o familias, para constituirse en una prensa que fuera cada vez más un actor social y político de la ciudad, para el hombre de la ciudad, y por tanto más independiente, de variados puntos de vista y destinada a un público más amplio. La prensa progresivamente sería a la vez una necesidad para quien quisiera tener presencia pública, defender o expresar una opinión, presionar por sus intereses. Era una forma de aparecer, no solo socialmente, sino también políticamente. Y desde entonces también aparecen distintos tipos: Por ejemplo, los diarios, los había, en lengua extranjera para los inmigrantes, los diarios políticos y económicos que eran los más destacados, luego los abocados a asuntos científicos o culturales. También las revistas y folletines.
Como se operó este paso de la prensa facciosa a la prensa con cierta autonomía de las luchas políticas. Bueno, en primer lugar, empezaron a tratar temas internacionales, información comercial, se producían editoriales de interés general y no solo político, se introdujeron los avisos a los que accedía un público más amplio que buscaba trabajo, o hacer compras particulares. Además el aviso pago brindó una fuente de financiamiento externa a la de las élites o facciones políticas. De modo que comenzaron a aparecer diarios que no se dedicaban a relatar las luchas facciosas, por ejemplo, los de los inmigrantes, con los que comenzaron los otros a disputarse un público, obligando de alguna forma a modificar su carácter, como La Patria Italiana, El Correo Español, o La Juventud de origen africano. De la prensa facciosa se destaca El nacional, un diario de la facción sarmientista dirigido por Velez Sarfield. La tribuna, dirigido por los hermanos Varela, de tendencia autonomista. Los debates, creado por Mitre, que fue cerrado por Urquiza y reapareció en los 60. Pero había otros, por ejemplo, satíricos como El mosquito, El bicho colorado, La farsa política y femeninos como La camelia o El álbum de señoritas; también étnicos como La raza africana; de asociaciones como El artesano, El peluquero, también algunos diarios menos fijos o publicaciones en folletines. Ya hacia 1860 los más importantes serán La Nación y La Prensa, que gozaron junto con La República de cierta independencia.
Entonces por esos años tenemos una disputa entre una prensa que era órgano de propaganda, subordinada económicamente por los apoyos financieros de los partidos o del Estado, donde los periodistas, editorialistas, eran figuras políticas o de la élite, cuyos temas eran exclusivamente las luchas políticas. Pero por otro lado, emerge una prensa que fue definiendo un espacio propio, que buscaban una mayor autonomía, aparecen cada vez más figuras periodísticas independientes, generando sus propios estilos, que si bien podían ser simpatizantes, no estaban en una posición de dependencia. En cuanto a la diagramación de estos periódicos, notaremos que una diferencia fundamental con la actualidad es la ausencia de imágenes y las caricaturas solo estaban reservadas para los diarios satíricos. Se ve que entonces que la valoración de la imagen que no era realista era mal vista, se entendía y se reproducía directamente como una burla, y el burlarse de figuras no era una práctica propia de los diarios serios. Su formato era grande, con diagramaciones uniformes y variaban quizás las letras. Pero no había una técnica desarrollada al respecto y notamos también que entonces la configuración y el atractivo, como la guía de la lectura, no eran preocupaciones de sus diseñadores como hoy es una marca o impronta que distingue un periódico de otro. El tema de la marca y el estilo en las formas (y no en los contenidos) es bastante reciente también. Tenían más o menos cuatro páginas y en la primera iban siempre las noticias del exterior (esta es una costumbre que va a conservar el diario La Nación hasta bien entrado el siglo XX, representaba una señal de erudición y tiene que ver con su público). Luego se reproducían documentos oficiales (casi se trascribían y no se interpretaban) y en la segunda página se anotaba la editorial u opinión a la que seguían las noticias nacionales y locales, para el final destinarlo a la información económica, mercantil, de la aduana y los avisos.
A pesar de esta cada vez mayor independencia el periódico comenzó a ser una pieza clave del sistema político. Se lo consideraba fundamental para el desarrollo de las formas republicanas y forjar la llamada opinión pública. Se valoraba la libertad de prensa, pero igual en momentos conflictivos como durante la guerra entre Buenos Aires y la Confederación, la guerra del Paraguay y las rebeliones mitristas o levantamientos de las montoneras) hubo control oficial y censura. Que haya censura nos da la pauta de que el diario cada vez más podía ser un instrumento de crítica a las élites en el poder. Pero lo cierto es que la Argentina ya desde entonces tiene una tradición en incorporar a su prensa los debates políticos entre dirigentes y diversos personajes, desarrollar discursos políticos, interpelar a funcionarios del gobierno y a diversos actores con decisión política, eran parte del escenario político y estaban involucrados en el juego partidario, es decir, eran un poder capaz de limitar el poder del Estado.

martes, 20 de julio de 2010

Historia y amistad


"Desde la antigüedad, la amistad ha constituido una relación fundamental; una relación social en cuyo ámbito los individuos contaban con cierto margen de libertad, con cierta capacidad de elección (limitada, sin duda) que les permitía experimentar relaciones afectivas sumamente intensas. La amistad tenía también implicaciones económicas y sociales - la persona estaba obligada a socorrer a los amigos, etc. En los siglos XVI y XVII va desapareciendo este tipo de amistad, al menos en la sociedad masculina, y va convirtiéndose en algo distinto. Desde el siglo XVI, encontramos escritos en los que se critica expresamente la amistad, tenida como un foco de peligros.
El ejército, la burocracia, la administración, las universidades, las escuelas, etc.- en el sentido que tienen estos términos en la actualidad- encuentran un obstáculo en amistades tan intensas. En todas estas instituciones, se advierte una considerable actividad para disminuir o debilitar esas relaciones afectivas, señaladamente, en las escuelas. Uno de los problemas más acuciantes que se planteaban, a la hora de abrir nuevas escuelas, a las que debían acudir centenares de niños, era el de impedir no sólo que tuvieran relaciones físicas, sino incluso que trabaran amistad. A este fin, sería sumamente interesante analizar la estrategia desplegada por los jesuitas en sus establecimientos, los cuales, tras comprobar la imposibilidad de anular la amistad, trataron de controlar simultáneamente las distintas funciones que tenían el sexo, el amor, la amistad, a fin de limitar sus efectos. Una vez estudiada la historia de la sexualidad, deberíamos intentar explicar la historia de la amistad o de las amistades, en plural, una historia que se revelaría sumamente interesante" Michel Foucault

MICHEL FOUCAULT, UNA ENTREVISTA: SEXO, PODER Y POLÍTICA DE LA IDENTIDAD


En medio del debate suscitado en torno al reconocimiento en nuestro país del matrimonio gay, me interesaba dejarles una entrevista a Foucault en la que elabora algunos pensamientos en torno a una serie de cuestiones que fueron tratadas en las disquisiciones del Senado en un nivel argumentativo que, a mi entender, dejó bastante que desear antes que dar para pensar (http://www.hartza.com/fuckault.htm). En particular me refiero a los argumentos sobre "Dios", la naturaleza, "el hombre" y la "mujer", la historia, etc. para referirse a las preferencias sexuales y la institución familia y, menos problematizada, la relación entre sexualidad y libertad en referencia a la intervención del Estado. Uno de los aspectos problemáticos según mi opinión en esos discursos es que se acepte cierta normativización de las nuevas relaciones, formas intensas de amor, amistad y formas de creación posibles que se generan a través de la sexualidad por fuera y muy a pesar de las intervenciones y regulaciones del Estado. Pareciera ser que el reconocimiento de éste de un estado de hecho habilitó numerosos discursos en la sociedad que en busca de cierta legitimidad y aceptación intentan normalizar modos de vida producidos e instaurados por nuestros deseos, que no son invariantes sino potencialidades creadoras y que, en ese sentido, habrían tenido y tienen un potencial de resistencia a cierta normalización de las conductas. Pues “el ejército, la burocracia, la administración, las universidades, las escuelas, etc. —en el sentido que hoy tienen esas palabras— no pueden funcionar con amistades tan intensas”. Por ello, la posibilidad y el derecho de la libertad a elegir y crear nuestra sexualidad y formas de relaciones no es una prerrogativa que nos otorga el Estado ni una cierta aceptación social, sino una práctica cultural efectiva de esa libertad que, por el contrario, limita las intervenciones sobre nuestra conducta sexual a través de ese potencial creador, modos de vivir inclasificables, formas de relacionarnos y amar que inventamos y multiplicamos. Al respecto, me parece importante que a pesar de la ampliación de la posibilidad de contraer matrimonio para todos/as en la Argentina mantengamos vigente, que no eludamos o abandonemos, el debate acerca de si es preferible aplicar a nuestras relaciones libres el modelo de la vida familiar, o el de esas las instituciones que van a la par con la familia. O, en todo caso, qué otras relaciones más ricas, más interesantes y más creativas que las relaciones sociales propias de la familia podemos crear.

lunes, 19 de julio de 2010

CHANGELING THE LOST-SEGUNDA PARTE


El mundo detrás de la máscara

“Desde niño, es cierto, desde niño. Cuando jugaba en la casa paterna,
en Buenos Aires, lo que más atraía a Jayme, era organizar expediciones
en pos de la Ciudad Encantada. Pronunciábamos los nombres mágicos
como si paladeara dulces:Trapalanda, Elelín…”
Mujica Laínez, “La Ciudad Encantada” en Misteriosa Buenos Aires


Existen infinitos nombres para faeria y tres lugares llamados Arcadia. Uno se encontraba en el peloponeso, un segundo territorio asumido en las fábulas como un paraíso sobrenatural de incomparable belleza y al fin la tierra dominada por las hadas, de aún mayor e inconmensurable hermosura, pero a la vez, una región terrorífica para los humanos.
Arcadia está custodiada por bosques mortales y coloridos, montañas hechas de partes roídas de huesos, junglas de oscuros y retorcidos metales y en sus zonas árticas caen copos de nieve de vidrios partidos. Sus costas están decoradas por fantasmales embarcaciones abandonadas. Todos sus bordes y plieges están rodeados por laberintos de espinas y fuertes tormentas eléctricas.

jueves, 1 de julio de 2010

Identidad


Se sintió advertido en soledad y se irguió en las formas del espía o del asesino, es decir, podía ser cualquiera. En todos, como todos, debió marcharse de su hogar temporal, del engaño cotidiano, de incógnito entre las multitudes hastiadas de ser multitud.
Le venían ganas de reírse (no sabía de dónde) parado frente a la vitrina que, cual espejo, le devolvía la imagen de una sombra. Reparó en que una arista de la oscura figura parecía concreta, sólo en el instante en que se pensó a sí mismo en aquél tiempo y espacio. No pudo tolerarlo y rápidamente eligió un rostro lejano y se mandó a mudar indiferente, sin paraguas, destino o voluntad. Liviano se entretejía en la otredad y la cadencia de aquél viejo temor se volvía suave con la contigüidad de los cuerpos.

viernes, 11 de junio de 2010

No es sorprendente que durante la década del 90’ la potencia de una vocación sea sentida aún más hondamente como una experiencia dolorosa porque ella incidía sobre una sociedad que está advirtiendo que había dejado de ser lo que esperaba repetir de los logros de un mundo que tarde o temprano se descubriría acabado. La elección prematura de una actividad, trabajo, rama del saber, arte a la que dedicarse, es siempre un dilema en esos umbrales en los que nuestras decisiones corren el riesgo de convertirse en quijotadas. Mientras el menemismo supo crear las condiciones más bravas de posibilidad para el neoliberalismo cuya supervivencia estaba asegurada por las poderosas raíces que en la sociedad ha plasmado, solo unos años después comenzaba ya hacerse evidente la fragilidad de las elecciones de las que es difícil tener una consciencia temprana, improvisadas durante fugaces momentos de tránsito según ideas que habían dado ocasión de sostener ese otro mundo que dejaba de ser, hasta el punto de poder figurarse como huidas al presente. Para algunos, constituyó un acontecimiento en sus vidas, una ruptura en las series temporales, nudo problemático que se descubrió bien pronto que no tenía modo de desanudarse y que de alguna manera introdujo una serie de desgarramientos que dejarían una herencia que, en efecto, crearon una sociedad nueva en la que aún estamos metidos. Me pregunto si era acaso una decisión imposible, en el fondo siempre interrogada por el quién serás, por los rellenos a la existencia, por los sentidos morales de antaño, las exigencias sociales que marcan a los cuerpos. Vivimos obsesionados por la corporeidad, sin alcanzar siquiera una conexión tal con el fondo material de las cosas. Sobrevolando la superficie en la que las cosas y los hombres aparecen, en mi país, no alcanzamos jamás la materialización de esas representaciones que nos hacemos prematuramente. Quizás, pienso, aquello se deba a que nos prefiguramos significados de mundos que dejan de ser y el choque posterior entre lo que solo vive en nuestras imágenes del mundo y lo que efectivamente sucede en él, nos encuentra desprevenidos, mal preparados…De allí, de la agitación a la desilusión-maníaca hay solo un paso. La década durante la cual atravesé mi adolescencia fue la de una serie de muertes anunciadas: la muerte de la historia, del hombre, de la filosofía, y también, entre ellas, cabría decir que, con la economización de la cultura, se produjo una suerte de muerte de la vocación. No por efecto de la economía sino por una transformación inédita del mundo en la que un nuevo fantasma amenazaba las representaciones sobre el futuro: la desocupación. Por aquél entonces ese futuro cercano no era claro. Ya se escuchaban las voces de nuevos sacerdotes aconsejándonos pensar en cierta elección en base a las posibilidades de empleo. El futuro era de la ciencia y técnica. Aunque aún entonces el ideal en nuestro país era la ya vetusta creencia en los hombres de acero. En verdad los analistas simbólicos, las tecnologías gaseosas, los empresarios, que pronto se pondrían de moda, comenzaban a despuntar su brillo. Y en efecto el destino de Latinoamérica en la nueva división internacional del mundo era el de la producción, mientras que los países centrales serían quienes más interesados se mostrarían en las ventas de servicios y la compra de acciones. El discurso técnico-científico antiliberal latinoaméricano ya podía avizorarse desde la década del 90’, pero no estábamos listos para percibir lo que esto significaría y quizás no había posibilidad de conocerlo, aunque sí de pensarlo. Todavía estamos a tiempo. Que no tiene modo de perdurar lo hemos descubierto prontamente, quizás sin demasiadas sorpresas, aunque a pesar de esto mismo, nos rehusemos a su muerte.

lunes, 24 de mayo de 2010

A PROPÓSITO DEL BICENTENARIO


La libertad a la que solemos evocar como la conquista de 1810 no se ha traducido en Argentina en la concepción de la libertad como un constante iniciar. Se vive aún en la idea de un continuo con ese primer recomenzar la libertad. La libertad es y seguirá siendo para nosotros desde entonces el liberarnos de la condición de colonias. En este sentido la historia es la limitación más profunda y fundamental de nuestro país. El tiempo es la condición de lo irreparable y los hechos consumados del pasado, que escapan a nuestro dominio, pesan a la vez sobre nuestro destino. En la Argentina no parece dominar una melancolía por el pasado y el fluir de las cosas que lo deja atrás, sino se vive una alegre tragedia que instaura una suerte de inmovilidad de un pasado imborrable que condena a cualquier iniciativa a no ser más que una continuación. La palabra libertad se evoca en referencia a un pasado cercano calamitoso en el que planes pergreñados por agentes externos intentan volvernos una colonia. Los dilemas políticos del país se constituyen así en simple epifenómeno de las políticas externas y de las acciones de la “derecha”. Se invocan también los fantasmas de un origen cultural y político puro, una raza de héroes moralmente íntegros y patriotas a los que quienes se proclaman como sus herederos vendrían a vengar, mientras en todos los países del mundo estos héroes fueron bajados a piedrazos de sus pedestales para ser comprendidos como hombres de carne y hueso. Se alude también a un primer estado ideal de las cosas que ha venido degradándose y que es preciso restituir. Esta es la versión decadentista de la historia argentina que el revisionismo ha difundido a partir de la década del 30’ .Si la verdadera libertad, el verdadero comienzo, exige un presente que siempre recomience eternamente la libertad, entonces no hemos podido aún liberarnos del pasado que domina cualquier intento de actualidad. Desconocemos las expresiones que nos permiten modificar desde el presente las acciones del pasado y liberar al hombre del fatalismo que este comporta. Se trata acaso de dejar quizá de aceptar con resignación o por afinidad ese sentimiento de identidad entre el yo y el cuerpo del pasado como si fuera uno y continuo. Dejar de considerar que lo más auténtico es ese engarzamiento del que no es posible liberarse. Porque desde entonces toda estructura social, todo pensamiento, toda acción sobre el mundo, que intente liberarse de ese pasado entendido como origen puro, heroico y verdadero fondo cultural, como lo más genuino y auténtico, será visto como sospechoso, una traición o impostura. La democracia nos parece una mentira, el Estado de derecho es una farsa, el ser un país responsable por sus acciones es una perogrullada de los imperios que nos dominan, el individuo es el léxico de las burguesías farsantes, la libertad es la voluntad de un gobierno que se niega a reprimir y no el ejercicio de una resistencia a su palabra, etcétera. Es preciso salir de esta concepción del hombre que tiene como su centro ese complejo de encadenamiento como base de su destino, huir de esa concretización de ese racismo cultural que se explica por el cuerpo histórico, y que como tal cultura no existe, la inventa, como a los otros extraños y amenazantes que pretenden dominarla. Es preciso revertir el hecho de que el poder de dudar se haya vuelto en falta de convicción. También problematizar esa pérdida del ideal de libertad que se troca tan fácilmente por la aceptación de formas políticas degeneradas ¿Será posible asumir que la libertad exige un esfuerzo para por fin dejar de regocijarnos en lo que ese pasado aporta de comodidad? ¿ Acaso la Argentina aceptará que existe algún tipo de pensamiento libre que opte y se comprometa con la elección de una verdad y ya no quede solo ligado a algunas de ellas, como se liga a todos aquellos que forman parte de ese pasado inventado? ¿Podemos soltar ese encadenamiento a la carne del tiempo para dejar de vernos rechazando el poder de escapar de nosotros mismos? ¿Es decir, es posible en estas fechas pensar contra la Argentina, sin que se ejerza sobre nosotros el poder de la obligación de esa autenticidad o sinceridad histórica que confunde lo concreto con la brutalización de la existencia? La verdad histórica debe tender no a su universalización ni tampoco a la imposición de no apartarse de ella y su origen a quien la ejerza. Quizá pueda orientarse a la creación de un mundo nuevo ¿ Es posible un nuevo modo de experiencia política en la que el tiempo pasado no triunfe sobre el presente extendiendo, conquistando, su influencia sobre el cuerpo del hoy? ¿ hay lugar para un nuevo modo de existencia en la Argentina en la que el tiempo deje de estar del lado de lo irreparable? ¿Cuáles son las condiciones que se deben respetar para acceder a un verdadero comienzo, en tanto único medio de rehabilitación del presente que rompe el trágico juego de los excesos de historia?

viernes, 23 de abril de 2010

HISTORIA Y MEMORIA



Para abordar la historia reciente de nuestras escuelas es importante que los docentes podamos distinguir las diferencias entre historia y memoria. Este puede ser incluso un interesante punto de partida a partir del cual problematizar en el aula la especificidad de la historia en tanto disciplina distinguida de las formas de recuerdo colectivo. Por otra parte, es preciso indicar que los ejercicios de memoria en torno a ciertos acontecimientos del siglo XX tienen la particularidad de conectar el presente con un pasado que pervive en nuestras sociedades como algo inenarrable. Nos referimos a aquellos acontecimientos que testimonian (experiencias de vida, documentos, testimonios, etc.) las conductas de los hombres ante las situaciones límites y los crímenes masivos. Teniendo en cuenta esta especificidad, es preciso trabajar con los alumnos de qué modo la historia y la memoria constituyen dos tipos de relación diferentes con el pasado desde enfoques que no solo apelen a la construcción de conocimiento, sino también a los interrogantes éticos, políticos y jurídicos sin solución sobre ese pasado. Estos problemas se encuentran inscriptos en el campo de la memoria. Pues, en efecto, la actividad de recordar se interroga por su fidelidad al pasado y no encuentra jamás una respuesta definitiva. A diferencia del archivo, en el que se fija de una vez y para siempre un contenido, la memoria desbarata y actualiza sin pausa aquello que evoca. Y, aún así, no deja de inquietarse por la fidelidad de su recuerdo. Esto significa que la memoria es una relación con restos del pasado vivos en el presente y sus urgencias, de un pasado que no deja de pensarse y recordarse a sí para abrir el futuro. Por esa razón no admite la repetición de un mismo relato. El recuerdo lejos de volver igual a sí, vuelve con una diferencia. Pues la repetición sin variación de un mismo relato puede significar la derrota y no el triunfo de la memoria. Por una parte, porque en la repetición idéntica no hay pensamiento. Por otra, porque la memoria es un acto de recreación del pasado desde la realidad del presente y el proyecto de futuro. Es desde las urgencias actuales que se interroga al pasado, rememorándolo. Y, sin embargo, al mismo tiempo, es desde las particularidades de ese pasado, respetando sus coordenadas específicas, que podemos construir una memoria fiel (Calveiro, 2005:11). La memoria implica entonces un doble movimiento y una doble dificultad: por un lado, se trata de recuperar la historicidad de lo que recuerda reconociendo el sentido que le adjudicaron sus protagonistas (y no según una voluntad de encontrar una verdad o verdades históricas parciales a la manera en que interroga la historiografía al pasado). Y, por otro, insiste en volverse hacia el pasado como algo dotado de sentido para la actualidad. Se trata en fin de ejercicio de recuperación de sentido a partir del presente que permita unir lo que fue con lo que es. Por ello el acto de recordar se opone al olvido en tanto pérdida de sentido o, en otros términos, la locura. El recordar no es una forma de conocimiento del pasado, sino un ejercicio que al reencontrar el sentido del pasado, éste se abre, actualizando a su vez la posibilidad misma de sentido del presente (Calveiro, 2005:20).

lunes, 29 de marzo de 2010

The Dungeon Master (2008)



Las primeras formas de difusión de los juegos de rol entre quienes eran ajenos a los mismos fueron a través de publicidades cuyo objetivo era descalificarlos. Nos referimos a toda una serie de notas periodísticas, acciones de distintas organizaciones que en EEUU arremetieron contra ellos en los medios asociándolos a casos de asesinatos, cultos satánicos y jóvenes psicópatas manipulados por la música heavy metal y los juegos de guerra. El marco fue la masacre de Columbine. Se usó a Marilyn Manson y a los juegos de rol como chivo expiatorio para evitar pensar qué le había sucedido a la sociedad norteamericana para que ese crimen fuera posible. Así, cada vez que el tema era objeto de preocupación de los medios, los miles que nos interesábamos en el rol salíamos a tratar de explicar o hacer comprensible qué era lo específico en los juegos de rol, en que residía su novedad, de qué se trataban y cómo funcionaban, intentando conjurar los fantasmas de toda la moralina que se tejía a su alrededor y que nos volvía "sospechosos".

martes, 23 de marzo de 2010

24 de marzo- La vergüenza de ser un hombre


"Hay un autor que he leído recientemente y que me ha impresionado a este respecto, y es que creo que uno de los motivos del arte y del pensamiento es una cierta vergüenza de ser un hombre. Creo que el hombre que lo ha dicho, el artista, el escritor que lo ha dicho con mayor profundidad es Primo Levi. Supo hablar de esa vergüenza de ser hombre, y él lo hace a un nivel enormemente profundo, porque lo hizo después de volver de los campos de exterminio... salió de allí y... dice: «Sí, cuando fui liberado, lo que dominaba era la vergüenza de ser un hombre». Se trata de una frase a la vez muy espléndida, creo, muy bella, y además no es algo abstracto, la vergüenza de ser hombre es algo muy concreto... Pero no quiere decir las tonterías que podrían hacerle decir. No quiere decir: «somos todos asesinos»; no quiere decir: «somos todos culpables, por ejemplo, por el nazismo»... Primo Levi lo dice admirablemente. Dice: «Esto no significa que los verdugos y las víctimas sean los mismos». No conseguirán que creamos eso. Hay muchos que nos cuentan: «Sí, somos todos culpables», pero no, no, no, en absoluto. No harán que confunda al verdugo con la víctima. Así, pues, la vergüenza de ser un hombre no quiere decir: «somos todos iguales, estamos todos comprometidos». Sino que quiere decir, a mi modo de ver, varias cosas, es un sentimiento complejo, no es un sentimiento unificado... La vergüenza de ser un hombre quiere decir a la vez: ¿cómo es posible que hombres hayan podido hacer eso, –es decir, hombres que no son yo mismo? ¿Cómo es posible que hayan podido hacer eso? Y, en segundo lugar: ¿cómo es posible que a pesar de ello yo haya transigido? No me he convertido en un verdugo, pero no obstante he transigido bastante para sobrevivir. Y luego una cierta vergüenza, precisamente, de haber sobrevivido, en lugar de algunos amigos que, por su parte, no sobrevivieron a todo aquello. Así, pues, la vergüenza de ser un hombre es un sentimiento extraordinariamente compuesto. (...)Vergüenza de que haya habido nazis, vergüenza de no haber impedido ni sabido impedirlo, vergüenza de no haber pactado compromisos. Y sucede también que experimentamos la vergüenza de ser hombres en circunstancias irrisorias : ante la vulgaridad de pensamiento, ante el discurso del ministro, ante las declaraciones de la "buena gente" . Este es uno de los motivos más poderosos de la filosofía, y forzosamente provoca una filosofía política (...) Yo creo que en el origen del arte encontramos esa idea, o ese sentimiento muy vivo de una cierta vergüenza de ser un hombre, que hace que el arte consista en liberar la vida que el hombre ha encarcelado. El hombre no deja de encarcelar la vida, no deja de matar la vida. La vergüenza de ser un hombre: el artista es aquel que libera una vida, una vida potente, una vida que es más que personal, que no es la propia vida"
Gilles Deleuze

miércoles, 17 de marzo de 2010

Taller de lecturas filosóficas La empresa de vivir


Renovamos la página del Taller la Empresa de Vivir. No solo con un nuevo diseño, etiquetas, documentos de descarga, sino también el material nuestro, producto de un trabajo que queremos compartir: traducciones, las clases desgrabadas del curso de verano y nuevos comentarios. Espero que la visiten y dejen ahí sus apreciaciones. Saludos!
http://laempresadevivir.com.ar/

lunes, 15 de marzo de 2010

Kusturica en Buenos Aires


La primera vez que escuché la música de Kusturica fue en una fiesta inolvidable de la madre de una amiga. Fueron hegemónicos sus ritmos servios. Ninguna música podría estimular como esa que personas de todas las edades formaran rondas, bailaran una especie de tarantela mezclada con una danza rusa, giraran hacia todos los lados de esa alegre terraza que nos hacía de escenario. Durante su show en Buenos Aires reviví aquella sensación de algarabía. Kusturica es sinónimo de fiesta. La fiesta como ritual. En él los músicos son una banda jugando, cambian los roles, celebran sus virtudes, se enzarzan con el público. Ni bien empezó el espectáculo, el cantante, ataviado de un traje de lycra azul con alas, tras presentar a su director, salió de su podio teatral y se desplazó a los laterales a bailar con la gente. Los plateístas saltaron de sus asientos y se abalanzaron a los espacios libres para girar y saltar. Los seguridad estaban desconcertados.Más tarde se deslizó por la marea humana al centro del pogo "Quiero estar ahí", dijo, y se tiró. Fue devuelto a cococho por un fan. Un sinnúmero de hombres y mujeres de todas las edades se sacudían tras él. Las chicas subían al escenario como julietas a arengar al público. The no smoking orquesta se lució musicalmente y con virtuosismo teatralizado con escenas propias de una tira cómica, o de payasos si se quiere, abarcando casi todo su repertorio con versiones originales y mezclas que con el collage hacían de las letras un cadáver exquisito bellísimo en sentidos. La consigna fue la alegría de una cultura que exuda lo más hermoso de su tradición y la combinación con lo más moderno de nuestra actualidad sonora. Nada de pantallas, músicos y público fueron los protagonistas de ese ritual celebratorio, en cuyo centro no había nada más que la música y la danza.

sábado, 13 de marzo de 2010

Ágora


Las películas históricas acerca de la antigüedad en este último tiempo adoptaron la perspectiva del relato mitológico e hicieron hincapié en el carácter épico. A la manera de las estelas de los palacios monumentales mesopotámicos o egipcios se trata de relatos en imágenes de las grandes batallas, las celebraciones de las conquistas y de la legitimidad de los poderosos que están atravesadas, en nuestro caso, por modulaciones de nuestros modelos culturales. Se nos dice que esto quizá se deba a la necesidad de la industria cinematográfica de privilegiar la cuestión espectacularista de un cine que nos estimule a volver a las salas. Es lo común establecer hoy la distinción entre películas para ver en casa y aquellas que para apreciarlas mejor es preciso asistir al cine por sus imágenes, por el 3D y por las escenas de acción, grandes montajes, estímulos visuales y sonoros, etc. Sin duda, esto contribuyó a un resurgimiento de los cines, afectados por la industria del DVD y el formato de las series y miniseries adictivas. La trilogía del Señor de los Anillos, una verdadera obra de arte, fue quizás la película que marcó un antes y un después en este sentido. Ahora bien, este solo hecho no explica nuestra afinidad con una concepción de la historia aún interesada en las tramas conspirativas, en los acontecimientos bélicos y las acciones heroicas de individuos que se erigen por encima de las tramas sociales, políticas, por encima de la historia, y se alzan por medio de sus conversiones en sujetos exitosos a partir de haber vencido a sus enemigos. Hasta la Alicia de Tim Burton se transforma en una empresaria exitosa luego de un viaje heroico al que está predestinada y que produce su transformación después de que vence con su espada a un enemigo malvado. ¿ Creemos los tardíos modernos en estos mitos? ¿Cuál es el lugar de la política en estos relatos en el que el mundo es una superficie sobre el que se escenifican las pruebas consigo mismo o con otros a través de una guerra? ¿ Consideramos otra posible forma en que algo acontezca en la vida, que ponga en movimiento a la historia y disuelva los sentidos únicos adjudicados y la transforme? ¿Es posible que lo maravilloso exista, es decir, aquello según lo cual el pasado no es igual a nuestro presente y que aún así lo interpele? Pues aún consideremos a estos relatos ficciones, estas forman parte de nuestros mundos de la verdad. El otro día vi la película Ágora (2009) del director Alejandro Amenabar, cuyas controversias con la Iglesia no tuvieron repercusión en nuestro país. Este conflicto ya viene de un tiempo antes a raíz de la película "Mar adentro". En el caso de Ágora, el escenario es la Alejandría del siglo IV, bajo el dominio Romano. Se narra allí el conflicto entre paganismo y cristianismo a través de la historia de la filósofa Hypatia y parresiasta del prefecto romano, asesinada por los cristianos alejandrinos. Amenabar no intenta una fidelidad, si se quiere documental, en términos históricos. Las ficciones que recrea refuerzan una articulación con nuestra actualidad a través de la historia. Este cristianismo expansionista con su juicio universal mata al pensamiento y a la política. La verdad en el registro de Amenabar quiere decir muchas cosas, hasta incluir la ficción...Se trata de instaurar otra verdad sobre esta antigüedad, que es siempre política . Construye un relato en el que se invierten las bondades del cristianismo y se lo ubica históricamente. Lejos de asimilar a los personajes históricos a héroes que enarbolan esos valores, tanto los del cristianismo como los de la guerra, no cesa de recordarnos que el cristianismo fue un movimiento con ansias de poder que destruyó una cultura donde la libertad y el pensamiento tenían un valor. Todo aquello se hizo en nombre de la salvación de sectores sociales resentidos en sus debilidades. Con Hypatia expresa un punto de vista distinto a la idea de salvación . La vida de esa mujer no es tanto más valiosa que el pensamiento y la libertad. Se rehúsa a convertirse al cristianismo ¿Seguir viviendo a qué costo? La muerte no es igual para todos, hay distintas formas de morir, algunas en las que se pone en juego una libertad. Rescata así otra concepción de la política a través de la figura del filósofo, en tanto parresiasta, un decidor de verdad que ejerce esta actitud ante el poder con coraje y libertad.
Hacer un cine histórico realista es una falsa apariencia, como afirma Paul Veyne, "La sofisticación más extrema (fabricar lo real con nuestra realidad ¡qué preciosismo!)". En ese sentido, esta película es histórica y es política. Se trata de una política de la verdad. Hay sociedades en las que cuando termina la película se deja de creer en sus verdades o cambiamos de verdad. Ya no hay cuerpos sudorosos en combate, hay restos de pochoclo en una butaca junto a nosotros. En esta, es posible considerar que todo aquello sigue teniendo fuerza y nos hace pensar sobre nuestro presente. Este quizá sea un nuevo tipo de cine político, ya no ideológico. Se trata de un cine que plantea los problemas en términos de valor y que recurre a la historia para poder formularlos . No hay héroes ni hombres sino actitudes o libertades que se le oponen a la necesidad y a las políticas fundadas en el resentimiento. En este sentido, Amenabar hace eco del llamado de Nietzsche: "...Aún cuando aceptásemos con gusto este destino de ser descendientes de la Antigüedad y nos decidiéramos a tomar esta tarea vigorosamente en serio y con grandeza, haciendo de este vigor nuestro único y distintivo privilegio (...) estaríamos obligados a preguntarnos si nuestro destino sería el ser siempre los discípulos de la antigüedad declinante. Un día u otro sería permitido fijarnos una meta progresivamente más alta y más lejana, en un momento a otro, deberíamos poder gloriarnos de haber recreado en nosotros - también mediante nuestra historiografía universal- el espíritu de la civilización rumano-alejandrina de modo tan excelente y fructífero que, como máxima recompensa, podemos proponernos la tarea todavía más grande de remontar este mundo griego, buscar nuestros modelos de lo excelso (...) Allí encontraremos también la realidad de una cultura esencialmente ahistórica, y a pesar de ello, o más bien por eso, indeciblemente rica y llena de vida" (Sobre la utilidad y los perjuicios de la historia para la vida, pp. 120-121).

miércoles, 10 de marzo de 2010

Alicia en el país de las maravillas. Un Burton de sentido común



En "Las aventuras subterráneas de Alicia" Burton tomó malas decisiones, algunas, creo, vinculadas a las necesidades e imposiciones del gigante Disney y otras, muy probablemente, por su afán de innovar, de ir más allá de uno de los trabajos literarios más complejos conocidos, al que no respetó como tal. Y no me refiero únicamente al gesto de expresar un respeto por la autoridad de su autor, sino a la importancia de "apreciar" y darle un valor al trabajo de pensamiento y creativo que hay en la escritura de Caroll. La película de Burton al llevar el nombre de uno de los más grandes libros de filosofía-literaria sobre "las paradojas del sentido" (Deleuze), se puso a prueba y salió perjudicada. Si hubiera simplemente llevado otro nombre, quizá nadie se habría desilusionado. Estaríamos comentando otra película de Burton, aunque ciertamente una de las menos interesantes y la calificaríamos probablemente como una película de Disney para niños.Quizá el verdadero desafío era tratar de pensar qué era lo específico en Caroll, de qué hablaba y traducir esa obra literaria compleja al lenguaje cinematográfico. Ponerle el nombre de ese relato célebre y hacer una historia trillada de cuentos de hadas, fue, a mi entender, un recurso comercial, una verdadera estafa a la que Burton se prestó, lo cual, cuestiona su pretendida autonomía artística, que ingenuamente se la expresó al autor de la obra al momento de decidir hacer cualquier cosa en su nombre y no a los productores de Disney. Engaño a su público seguidor, al autor y a sí mismo si consideró que estaba haciendo una nueva versión. Se complació ante la prensa en afirmar que esta perspectiva suya tenía que ver con invertir la decisión de Caroll en cuanto al título. Otro gran error. La elección de Caroll de cambiar el título previsto "Las aventuras subterráneas de Alicia" por "Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas" no es azarosa. Con esa inversión, Alicia deja de buscar el sentido en las profundidades, lineales y subterráneas y se traslada a una historia de la subida a las superficies, en la que las cosas recobran su espesor y se deslizan por sus bordes. Indica su repudio a la falsa profundidad y su descubrimiento de que todo ocurre en la frontera. Y en "...al otro lado del espejo" perfecciona esta búsqueda de los acontecimientos en la superficie. La concepción de lo incorporal, lo onírico, no existe en Burton. El mundo de los sueños es irrealidad según lo que entiende el sentido común por esto. Lo incorporal, aquello que cobra existencia por sus efectos, es algo más complejo y es en la trama de Caroll una operación de pensamiento. Tampoco aparece la cuestión de la disolución de las identidades, los desdoblamientos de Alicia entre el pasado y el futuro, su diálogos enloquecedores consigo misma. La locura es una mera caracterización estética, burdamente entendida como tener los pelos de colores, bailar o sacudir cosas. No hay uso de las paradojas ni inmedidos sin sentido, humor ni discurso enloquecedor que disuelve los sentidos único y que cuestiona el orden impuesto por las ideas. Independientemente de que haya personajes vestidos como...y nombres de las cosas que existen en el mundo de Caroll, esta historia es cualquier cosa menos que Alicia en el país de las maravillas. Y como historia, en rigor, es pobre: guerras, buenos y malos, héroes. Se sabe todo de antemano. Solo hay que sentarse a esperar que suceda. Helena Bonham Carter representa espléndidamente la "reina de corazones" y no la "reina roja", pero su trabajo se desluce en el contexto.Ella verdaderamente sale de la lógica de buenos y malos, aunque la historia se esfuerce en querer verla terminada junto con la tía solterona en el peor de los avernos de los inmorales y fracasados, al que después Alicia arroja a todo el resto de los considerados perdedores, freaks, solos...algo impensado en Burton, ídolo de estas figuras. Deep no supo que hacer con su personaje vacío, que por momentos se le pasa la pretendida locura para inocular en Alicia el "matarás". El resto de los pj no existen, son decorados o bestias fieras que se vuelven tiernas incompresiblemente. La ambientación histórica de la edad victoriana es anacrónica. Una adolescente mujer que dice lo que quiere y se revela del mandato de casarse, se vuelve empresaria y se va de viaje a la China. Si hay algo de paradójico es que se considere un disparate a Caroll y a esto un buen sentido. La resistencia de los lectores de Caroll a esta película, a pesar del respeto que le tenemos a Burton, es que Alicia en el País de las Maravillas sigue destruyendo el "buen sentido" como sentido único y al sentido común como la única identidad. Su escritura sigue teniendo la fuerza de escenificar que en las fronteras de estos pretendidos sentidos profundos y buenos con los que nos aleccionan y sermonean (incluso en las películas) hay un fondo de disprates que, por lo demás, a nadie divierten ya.

martes, 9 de marzo de 2010

EL IMAGINARIUS DEL DR. PARNASSUS


Terry Gilliam va rodeando con su cámara algunos temas que se reiteran en sus películas. Una de ellas es la marginación social y el poder de la imaginación para denegar una parte de la realidad. El sujeto de sus películas, el desterritorializado por excelencia, el vagabundo. Quien relata en esta historia sus encuentros con el diablo (Tom Waits), la bebida y la magia, y todos sus costos. La estética: una mezcla de surrealismo en el que aparece mezclada y dispersa toda la historia del arte. Esta película aparece así como un colagge de renacentismo y surrealismo, al estilo Dalí. Angeles descorriendo cortinados de un teatro moderno, arquitectura decorada con confites y otros dulces, criaturas extrañas, desiertos infinitos en el que el inconsciente hace de las suyas. Enfrente, del otro lado, en adyacencia a ello, la realidad que no se soporta, un territorio en el cual las miserias no aparecen como problemas, sino invisibilizadas. Solo en el imaginario, las cosas de los hombres que el mundo disimula o disuelve, asumen la forma de dilemas, según los cuales, la elección tendrá siempre una consecuencia.Aunque reconozco que por momentos parece que estas decisiones son un poco absolutas, a todo o nada, al mejor estilo de las apuestas. La vida transcurre así ante la constante presión de las decisiones, elecciones, que siempre implicarán un beneficio pero también que algo se pierda. Los caminos fáciles o no elegir son los peores. Pero el sujeto se ve desplomado cuando sin fuerzas debe seguir eligiendo una y otra vez.La vida es agotadora e intensa. No obstante, es la única forma de estar vivos y ser destruídos por la historia. Otra disquisión ¿ Sobrevive la historia a nuestra face de la modernidad? Pueden seguir narrándose las historias. Puede un vagabundo dar su testimonio sobre su universo interno y acerca de lo que el mundo puede llegar a conocer a través de la imaginación que se desprende de su vida, y a la vez ser escuchado. Es la apuesta del diablo (Tom Waits), no hay más historia, ni narración, la inmortalidad tiene un precio demasiado costoso para los hombres comunes que defienden sus pequeñas vidas. Inmortalizarse requiere un acto de heroismo que sea visto y narrado por otros ¿ Es eso posible en nuestro tiempo? Los ritmos por momentos son confusos, críticos o muy largos y tediosos. Los diálogos son complicados de seguir, aunque por momentos hay algunas conversaciones brillantes, memorables y otras no tienen sentido. Las actuaciones decaen con Corin Farrell y Jud Law, se siente la ausencia de Ledger y de cómo ello afectó a la continuación de la película. Pareciera como si se hubiera entrado en una total confusión y el final se desenlaza de forma ininteligible. A mi me ha gustado de todas formas. Es un tren de locuras. Siempre es una placer escuchar las historia de este hombre que piensa no tanto como un cineasta, sino como un pintor de cuadros-imágenes- en movimiento. Lo cual es lo mismo, pero no tanto...